Notas de la 1ª Postfutura: Ciencia ficción e imaginarios del futuro

El pasado 16 de febrero, en el espacio de Barcelona La Deriva, celebramos la 1ª Postufutura, encuentro presencial y abierto para debatir y compartir ideas en relación al futuro, desde una perspectiva crítica pero accesible (en la medida de lo que nos es posible). El tema de este primer encuentro fue Ciencia ficción e imaginarios del futuro.

Punto de partida

Nuestro tema central era debatir qué papel podía estar cumpliendo, hoy en día, la ciencia-ficción respecto a imaginar el futuro, en especial; si respondía a las necesidades de la actualidad. Las premisas con las que partíamos son:

  • La ciencia-ficción se suele vincular (al menos en nuestras culturas occidentales) como uno de los centros de imaginación/creatividad principales del futuro. Se le suele atribuir también una capacidad anticipatoria, si no adivinatoria, de lo que podría suceder
  • También se le suele atribuir una capacidad de reflejar preocupaciones y advertencias sobre lo emergente
  • Según algunos académicos, así como entendidos e incluso fans, en las últimas décadas, las nuevas tendencias de la ciencia-ficción estaban o bien reincidiendo en imaginarios, tópicos, tropos cada vez menos proyectivos, menos “innovadores” según algunos. Pero sobre todo, estaba siendo auto-recursiva o como decía Jameson en Arqueologías del futuro “muestra un apetito insaciable por las visiones historicistas de otros modos de producción, un fenómeno sin duda relacionado con ese género posmoderno que en otra parte he llamado cine de la nostalgia” (p. 82). Robots, epopeyas en el espacio, distopías y post-apocalipsis, retrofuturismos y cyberpunk, mucho cyberpunk, es lo que podemos ver en al menos las últimas tres décadas a través del cine, libros, videojuegos…
  • Paralelamente, algunos tropos o iconos del futuro tales como robots, viajes en el espacio o ciudades eficientes repletas de rascacielos (lo que hoy llamaríamos Smart Cities), entre otros, llevan entre nosotras un siglo o más. Un siglo o más, de cuando la Segunda Revolución Industrial se dio. En cambio, nos está costando ver nuevos espacios emergentes que produzcan iconos muy nuevos, encajados en las nuevas necesidades y deseos de esta época digital o como se vaya a definir al final. Quizá un momento disruptivo fue hace, justamente, dos décadas atrás, cuando la cibercultura tenía un espacio ingobernado e imaginarios utópicos en torno a Internet se elevaron. Pero la ciencia-ficción, como género, no pareció tener un gran papel más allá de reproducir y revitalizar ideas en el cyberpunk
  • Los imaginarios de futuro son clave para regenerar nuestra capacidad estratégica y constructiva

Algunas ideas que surgieron

En total vinieron unos 10 participantes. Algunas de las personas estaban vinculadas directamente con la ciencia-ficción (escritores, editores), otras con la producción artística y la especulación, el diseño, las filosofías de vanguardia (xenofeminismos, aceleracionismo…) y la investigación social (a todas ellas, de nuevo, gracias! Salió una sesión redondísima!). Parecía haber un consenso en que la ciencia-ficción, como género, y más concretamente en la literatura, no parecía ser excesivamente innovadora o creativa en los últimos años.

Presión económica y de mercados, “gentrificación cultural de lo friki”

En los últimos años la cuestión económica ha modulado más que nunca la producción artística/literaria. Por un lado, estaría el bloque literario, donde las editoriales se han visto más presionadas en los últimos años en generar títulos que rindieran, aprovechando, por otro lado, que el género ha salido de ser percibido como algo marginal a integrarse en la(s) cultura(s) mainstream. También Internet ha contribuido en hacer más visible nuevos autores y autoras, pero también hemos visto como los nuevos medios se han rendido, en los últimos años, a golpe de algoritmo, políticas de Copyright y publicidad, a dar más visibilidad, de nuevo, a los que tienen más recursos para hacerlo. Así pues, siguen existiendo seguramente pequeños espacios, y autoras y autores que siguen creando obras o piezas que superen o sean marginales a los topicazos de la ciencia-ficción, pero no son tan fáciles de encontrar.

También se comentó que, junto a estos fenómenos, se reconocía lo que, según citaban la idea de Elisa McClausand, la gentrificación cultural de lo friki. Esta gentrificación, similarmente a lo que ocurre en barrios de grandes ciudades, se ocuparían iconos y recursos culturales hasta entonces marginalizados para sacarle rendimiento. Es decir, según se comentaba, en el caso de la ciencia-ficción, parte de su éxito en ser apropiada por el resto de la cultura mainstream no sólo se debería a un proceso orgánico, de ser aceptada por sus virtudes con el paso del tiempo, sino que, en cuanto esto comenzó (hacia la década pasada sobre todo), algunos agentes de la cultura y el entretenimiento vieron filón y se “apropiaron”. En el proceso se vaciaría o relajaría parte de su discurso crítico o rebelde para convertirlo así en estética maleable, y por el camino se juntó toda una macreotendencia cultural que, donde la gente nos encontrábamos presionada por el estrés y la crisis, buscaría la búsqueda del puro entretenimiento, la evasión, como finalidad.

En resumen, se acabó redundando un poco en “blame it to the market”, la dificultad de vender títulos irreverentes

 

¿Se puede hablar de una política de la ciencia-ficción?

Quizá este debate no sea tan extraño en otros espacios de las artes, como por ejemplo las escénicas, pero parece que haya algún problema en plantear lo político en la ciencia-ficción. Vinculado con lo anterior, también mirando los iconos a los que gran parte de los títulos de los últimos años hacen referencia, así como los subgéneros a los que refieren (sobre todo el cyberpunk), se hablaba de ‘hacer la cama a Silicon Valley’: no había mucha crítica o reflexión sobre las grandes fuerzas tecnocráticas en curso, tales como el poder acumulado por las grandes empresas, que hoy en día son las más valoradas en Wall Street y en la bolsa de Shangai (estos son, los GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) y BATX (Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi)), más allá de lo que ya “advirtieran” en su momento el cyberpunk de los 80 y 90. Todo recursivo.

Hasta podríamos preguntarnos si Black Mirror es tan crítico: la mirada no la deja, en el fondo, sobre los que detentan el poder y control sobre los medios y tecnologías representadas, sino que ilustra, simplemente, situaciones extremas y poco éticas producto de unas nuevas tecnologías, futuristas pero familiares, mal diseñadas, o sociedades derivados de dinámicas tecnosociales idas de madre. Aunque ha abierto la reflexión en algunos espacios, sobre las relaciones que generamos sin pensar con la tecnología, todo se reduce a culpar a la tecnología y nuestra relación a secas. Nunca censurarían Black Mirror (ahora que estamos en tiempos de censurar, de nuevo, alarmantemente).

Se insinuó que aquellos escritores (porque en lo audiovisual quizá es más difícil acabar produciendo algo alternativo) con una mirada más crítica (lo que algunos llamarían de izquierdas) podrían tener más dificultades de vender sus libros, por ejemplo. Pero quedaría la duda de rastrear hasta qué grado esto ocurre. Por ejemplo, ahora comienza a valorarse las ciencias-ficciones que apelan a futuros alternativos, como el afrofuturismo, o incluso al xenofeminismo, como Octavia Butler. Una gran escritora que fue mencionada en diversas ocasiones fue Ursula K. Le Guin (QEPD), claramente alineada en las izquierdas más radicales (anarquista), que no escribía utopías ni distopías pero se centraba en reflexionar sobre las coordenadas de sociedad, política y tecnología, sin darle más peso a una de ellas.

¿Qué espacio tiene la ciencia-ficción no escrita ya por mujeres, sino feminista? ¿Y la que habla de otras minorías, dónde se sitúan en esos futuros que ilustran las personas con diversidad funcional (“discapacidades”) o sensorial? ¿Cuánta aceptación o “ventas” tendrían esas obras, cuán conocidas serían? ¿Se puede hablar, en voz alta, de política de la ciencia-ficción?

 

Nuevos espacios fuera de la ciencia-ficción que avanzan nuevas miradas

Pareció no haber ninguna discrepancia (aunque fuimos 10 personas), en cuanto a que se estaban dando, fuera de la ciencia-ficción, nuevos espacios tanto que generaban nuevas miradas sobre el futuro, así como que generaban crítica o reflexiones sobre la sociedad. Algunos de esos espacios son:

  • El diseño, con sus variables del diseño especulativo (pronto en este blog), o el diseño-ficción. Es bueno aquí recordar su relación con el diseño crítico y el arte conceptual
  • Las filosofías de vanguardia, como serían la Ontología Orientada a Objetos, y en lo relativo a lo que aquí hablábamos, el Realismo Especulativo
  • Con este último se vincularía la (re)emergencia de un género literario, el Ensayo-ficción o Teoría-ficción, seguramente ilustrado por Ciclonopedia de Reza Negarasteni. En cierto modo podría estar ahí también otras piezas como el Manifiesto Cyborg, de Donna Haraway
  • Diversas formas de arte y performance

 

Cerrando

Para finalizar, os dejo aquí el vídeo de algunos de los streamings vía Instragram (sí…) que se pudieron realizar. Dura más de una hora y aun así no se pudo salvar o grabar todo. Pero espero que sea de vuestro interés!

Habrá una segunda Postfutura, con un tema relacionado con el futuro, sí, pero no tanto (quizá) con la ciencia-ficción. Puedes unirte a la newsletter, a la página de Facebook o al canal de Telegram para estar enterada del próximo encuentro (en Barcelona), así como del tema! Mil gracias por estar ahí!!!

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