El 2019 ya está aquí

Foto de Wes Hicks

Pues bien, ya hemos llegado al año de Blade Runner (1982), The Running Man (1984), Akira (1988) o La Isla (2004). El futuro (ese) ya está aquí. Por suerte, aun la atmosfera no es extremadamente irrespirable, por el momento. No hay replicantes ni clones como en algunas de esas películas, tampoco coches voladores. Y las corporaciones, por el momento, de manera oficial, no son el gobierno. Pero si echamos la vista atrás al último año “futurista-pop”, el 2015, el año en el que McFly y Doc llegaban en Regreso al Futuro II (1989), y comparamos ambas visiones, podemos asegurar que ya nos venían las especulaciones bien negras. El 2015 de Zemeckis era luminoso, al menos como un día un poco nublado. El 2019 de Blade Runner o The Running Man eran oscuros, sucios, punk. Y el de la Isla, pura fachada brillante y holográfica de la cual escapar para sobrevivir

¿Qué necesitamos para prepararnos con lo que puede venir?

Hemos visto estos últimos años diferentes tendencias emergentes, y megatendencias, que con pocas aparentes dudas se puede una aventurar a lanzar predicciones de cómo podría ser este año, si se quiere jugar al juego. Las IAs se materializan más y más como una realidad en empresas, la automatización sigue siendo un polo atractivo si bien un quebradero de cabeza para empresas que desean mantener su posición sin ser muy alteradas, la extrema derecha seguirá marcando el ritmo en los medios… Es decir, especular con lo obvio, lo que parece seguro.

Para el corto plazo es útil, y desde un paradigma tecnodeterminista, muchas de las predicciones de este estilo que ahora leías parecen de ‘sentido común’. Pero… El anuncio por lo bajito desde el 2016 en la revista Nature de que la Ley de Moore ha ‘muerto’ o ‘llegado a su fin, la predicción de futuro más osada lanzada en décadas y confirmada durante años sobre que los procesadores iban a ser más veloces, pequeños y exponencialmente desarrollados, es uno de muchos ejemplos (aunque quizás menos glamurosos) de que las predicciones tecnológicas no funcionan por completo. Una predicción, al fin y al cabo, es una enunciación adivinatoria de algo que se cree “ha de suceder”, significa un grado de compromiso con una verdad sobre algo que no existe mayor que el pronóstico. Que puede, o no, ser materializada, y dejar, o no, de ser ‘ley natural’. Entonces, ¿si ni siquiera las predicciones pueden ayudarnos a prepararnos ante lo que viene, qué podemos hacer?

Sabemos mirando al pasado que nos espantamos cuando nuestro entorno se desmorona, o cuando no sabemos qué puede pasar a continuación, ¡con toda la razón, más que natural! Lo que ayer era normal, ayer, hoy o mañana deja de serlo, y pronosticar qué será la normalidad del mañana, lo cual pasa también por entender factores completamente humanos (sociales, culturales, psicológicos) que desembocan en construir lo que se entiende como ‘normal’, adecuado, es cada vez más complicado. Porque, si algo estamos evidenciando, es que todo es complicado. Las pautas del clima son impredecibles debido al cambio climático y los meteorólogos andan desatados entre un ‘Keep calm, mañana ya veremos’ y la continua monitorización de los patrones climatológicos más actualizados. Los mercados andan en el filo de la contradicción, si es que no puede ser la simultaneidad a la Schrödinger, entre “todo vuelve a ir bien” y “la crisis del 2008 no concluyó del todo, solo hemos escurrido el bulto, cuidado que vienen curvas”. Y mientras todo anda hiperconectado, estamos hablando de sistemas complejos.

En realidad, nadie sabe exactamente qué pasará en unos meses, ni años. Pero esto se sabe desde la prospectiva hace unas décadas. La prospectiva o “futurología profesional”, a pesar de todo esto, se encarga de estudiar los cambios, proyectar posibles eventos y escenarios, guiar, especular a diversos niveles, para ayudar a prepararnos, pero eso es otra historia…

Ahora que sabemos que el futuro no existe, y sin embargo aquí estamos, podemos plantearnos que lo mismo incluso es algo liberador. Mantengamos la calma, cabeza fría y corazón caliente con ganas de dar lo mejor. Mucho se habla en ciertos entornos de la urgencia por métodos ágiles, heurísticos (que permitan aprender desde el propio proceso). El testeo nunca es una finalidad, sino una parte más del proceso. Todo va de procesos y de sistemas, como dirían en filosofía de vanguardia. No de conversaciones, como dirían los liberales como eufemismo de ‘transacciones’. ‘Be water, my friend’, no tenemos otra opción, la verdad, querido Lee.

Nadie tiene una fórmula clara. Está claro algo: que cambiar de chip es esencial. Algunos están optando por la vía rápida y violenta que conocemos como ‘auge de la extrema derecha’: la creencia de que ‘todo debe volver a ser como antes’. Otros, que todo debe disrumpirse para generar nuevos estados, aunque a veces sin ton ni son, como una finalidad. Y existen otras propuestas encima de la mesa. Como dice nuestro amigo Jordi Serra del Pino “el futuro menos probable es aquel en el que nada cambia”. Algo a nuestro favor, ¿no te parece?

El futuro menos probable es aquel en el que nada cambia” Jordi Serra del Pino

Ya hemos llegado al 2019, un horizonte ‘maldito’ por su pesadumbre en los futuros de la cultura popular. ¿Cuáles son nuestros propios futuros? Si hasta ahora los pintábamos de negro, y las historias que nos contamos tienen cierto poder en configurar la realidad (ya sea por mecanismos de profecía autocumplida, a base de sesgos, o de construcción cultural) y el futuro, también necesitamos crear nuevas imágenes, relatos y estructuras según nuestras necesidades y anhelos. Futuros desde y a partir del 2019. Que nos sirvan como guía, como alternativa a la tónica distópica, que parece es lo único que tenemos como referencia (hemos comenzado el año hablando del capítulo interactivo de Black Mirror, sin ir más lejos).

Así pues, aunque no tenga una fórmula, propondría: crear redes de confianza y apoyo ante tiempos inciertos, apostar por los futuros posibles más bellos, y cambiar nuestro chip (“mentalidad”, hábito, actitudes) en consecuencia estos otros futuros posibles.

Nos quedamos aquí con un mantra propuesto en la última edición de ‘State of the World’ 2019 en WELL, por Tiffany Lee Brown:

Hidden beauty will rematerialize.” let us make that the mantra of 2019″

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *