Diseño y futuros, parte 2

Debo personalmente una disculpa a los y las lectoras de Postfuturear. La misión de esta plataforma es justamente exponer conocimiento y herramientas, para pensar y tomar poder sobre futuros, entre otras, exponiendo también en qué espacios innovadores (sí, también campos y referencias para que luego las lectoras podáis buscar más en caso que os pique) se está generando ese conocimiento o esas herramientas. En el anterior artículo indicaba que formalmente el Diseño de futuros no existía.Y la intención no es desinformar, así que en caso de errores, como ha sucedido, añadiré una capa más de información.

Si bien el objetivo de todo el artículo era exponer la problemática que conllevaba su nombre y su indeterminación (aparente), en la primera parte decidí cargar parte del peso en además exponer que en un principio, no era rastreable su procedencia, “no existía” formalmente como algo diferenciable del design fiction o el speculative design más allá de ser usado por algunas agencias, aparentemente. Pero no es así. Puede rastrearse. Y hay algo más de inercia dentro de este campo también emergente. Aprovecharé, además, en este artículo, para extender algunas reflexiones más que surgieron tras un debate, especialmente con Jorge Camacho. Y como verás, para desarrollarlo mejor necesitaba pasarlo más a lo Hiperfuturear, así que será más denso, me voy a venir arriba a nivel de palabros para intentar aportar luz y arreglar el estropicio.

Como decía, indiqué y reiteré hasta dos veces que en un principio no existía como una subdisciplina formal diferenciable  o con un volumen de exposición de sus metodologías como podría ser las otras 3 que ya expuse, aunque se está usando en algunos contextos, especialmente por el área de México y Latino América. Como ya apuntaba a continuación, es vital en estos tiempos en los que andamos la transdisciplinariedad. A esto añado que el motivo es porque justamente las disciplinas que hasta ahora conocíamos se van desactualizando ante el cambio de estructuras y marcos de creencias, de trabajo. Todo tiende a la complejidad y la incertidumbre.

Sin embargo, cuando Jorge expuso en su artículo de respuesta que sí tenía una exposición más formal también en espacios no corporativos (por el momento también académicos), y que existía documentación de distintos autores de cómo se interpretaba la práctica (para mí el aspecto más importante tras un contenedor como puede ser un nombre) entendí que mi tropiezo fue un poco más grave. En inglés se conoce como “Design Futures” (para mí con un significado ambiguo), y no como “Futures Design”, tal como me encabezoné en buscarlo de manera precisa, que para mí era la traducción obvia. Esta ‘problemática’ idiomática también la expone el mismo Jorge en ese artículo que menciono.

Lo interesante, tal como trato de insinuar con cero éxito en mi anterior artículo, es que tal como se puede incluso advertir o intuir, se trata para algunos de una especie de paraguas flexible que recopila distintos métodos y técnicas que se hibridizan, tanto del diseño como de los Estudios de Futuros, y algunas otras disciplinas tanto creativas como de las ciencias sociales (como la etnografía), con distintos objetivos: recopilar información sobre expectativas e imaginario de futuro (me habría faltado mencionar la Etnografía de futuros (Ethnographic Futures Research), que utiliza métodos co-creativos y participativos o incluso manuales), ayudar a gestionar información y conocimiento de tendencias, visionar escenarios de futuros, y acompañar en el desarrollo de posibles estrategias para el medio y largo plazo.

Para algunos autores, puede ser un espacio más cercano al Design Thinking o al diseño estratégico. Para otros, un paraguas que incluiría en su seno todas esas prácticas híbridas.

 

Ya andamos con las peleas de cajones y etiquetas…

Aquí es donde enfoqué digamos como torpemente el artículo. Primero, resolví mal documentarme para tomar una mejor posición de opinión. Pero sobre todo, fue caer en crear un ambiente de aparente batalla, super clásica en el mundo universitario o académico, sobre la validez de un campo. Aunque en esos casos suelen ir por otros derroteros. Creo firmemente que entender los espacios que circundamos en la práctica, más allá de los nombres, es lo más importante. Sobre todo cuando muchas aquí hibridizamos y somos unas heréticas mezclando lo mejor de varios mundos. Ahora bien, hay que diferenciar entre etiqueta, y entre palabra que ayuda a posicionar unas coordenadas de referencia entre las personas.

Dicho de otro modo, palabras que nos ayuden a saber de qué hablamos en un consenso establecido. Y para eso tenemos los nombres de las disciplinas (a pesar de ser armas de doble filo…), incluyendo tecnicismos. Si queremos hablar de la Luna, diremos que vamos a hablar de la “Luna”. Incluso si vamos a hablar de algo en tanto tambaleo últimamente de símbolos y referencias, y abstracto como es el amor, igualmente diremos que hablaremos del “amor”. Para eso debería ser útil los nombres de las disciplinas. Aunque sean nuevas. Aunque aun estén en formación. O sean un poco más difusas. La etiqueta comienza a serlo cuando se le vacía de su carga profunda o no apunta a ninguna referencia, se le desenraíza de sus significantes, de aquello a lo que pretendía apuntar. Como está sucediendo en algunos espacios de la política, sobre todo en torno a la ultra-derecha, sin ánimo de entrar en este tema que es totalmente ajeno a lo que trato aquí.

Dicho esto, el peligro de que algo que emerge sea superado por su propio hype hoy en día existe por diversos factores, y acabe derivando en prácticas u orientaciones incluso opuestas (que poder puede pasar, pero ojalá sea como conclusión constructiva), o peor, en el control de una corporación (TM). Especialmente para aquello que apunta a responder a inquietudes, expectativas o necesidades de una comunidad, un grupo de personas, etcétera. Esto sucedió en cierto modo con el Steampunk (género especulativo retrofuturista), hace casi una década. Bruce Sterling ya se dio cuenta de esto y plasmaba las ambigüedades que se resolvían con su propia escena en The User’s Guide to Steampunk. Quizá no sea un gran ejemplo pues no pinta aparentemente nada con el diseño, pero es el que me venía a la mente como algo un poco más extremo. Muchas aficionadas tuvieron (tuvimos) una bajona impresionante de ver como comenzaba como deconstrucción punkarra de futuros pasados, para ser casi por completo nostálgico y hedónico.

Justamente los debates sobre las referencias de un campo, sus prácticas y derivas, hibridaciones y elasticidades, y valores, es lo que ayuda a que cualquier tipo de campo pueda tener un impacto y valor positivo o de largo recorrido. Sin importar si se genera dentro o fuera de la academia, en espacios públicos o mixtos con lo privado. Si te animas a volver al anterior artículo, justamente en el título trato de encaminar el problema de referencia del nombre, nombre que simbólicamente puede llevar (desde mi punto de vista) a confusiones por no familiaridad con la teoría del diseño, en que el futuro es diseñable, creable por el humano, “ingenierizable”. También Jorge da un interesante punto de vista sobre ello, no afín, una genial conexión con todo el desarrollo teorético del diseño en los últimos años, que sabe más que una servidora.

Aunque en mi opinión, no se resuelve cómo comunicarlo fuera de los campos. Que es lo que me inquieta en base a la experiencia, no solo la intuición. Sigue siendo atractivo el nombre para diseñadores y prospectivistas, tanto académicos como también practicantes, pero parece que el matiz de que el diseño “no ayuda a planificar nada al dedidllo”, no está extendido. Es un saber de momento, de, digamos, las y los “nerds” del diseño y la innovación. La visión clásica del diseño (industrial, o del diseño como valor estético de objetos de casi lujo) y se cruza con estructuras mentales y creencias. Ahora bien, es un tema de nombres, en el sentido que sí, conllevan connotaciones e impactos simbólicos como activos comunicativos, y no valía la pena extenderme tantísimo hasta aquí (excepto que ahora sí, sólo porque, hablando en plata, la “lié parda” y quería responsabilizarme del estropicio en lo posible).

Pero esperando que quede aclarado esto, aparte que al final volveré a indicar la referencia a su artículo, y a otros dos papers, aquí quiero compartir algunas reflexiones. Justamente son los campos del diseño los que, en mi opinión, están arrojando nuevas perspectivas para los Estudios de Futuros. Por esto mismo, seguiré(mos) ahondando en cómo el diseño está contribuyendo en futuros. O más posiblemente, se están creando campos que, fruto de la hibridización, podrán tener un papel propio dentro de los Estudios de Futuros.

 

El diseño y lo complejo

Estamos en un mundo, como decía, convulso, no tenemos mapas, como diría amigos como Toscano. Los marcos referencias aun están cambiando. Se precisan de nuevas formas de obtener, procesar y reflexionar sobre el conocimiento. Justamente, hablando con más propiedad, tenemos necesidades epistemológicas diferentes, porque los marcos fenomenológicos y ontológicos están patas arriba, hay muchos en juego.

Aquí es donde entran prácticas como el diseño, que en las derivas de sus últimas décadas ha estado centrándose más y más en el proceso y el método, que no en el objeto. Además, por embistes de lo corporativo, y del realismo capitalista, en el que todas más o menos estamos atravesadas, y bueno, hablando más del día a día, como se suele sustentar la práctica, que no la producción solamente teórica, ha dado lugar a metodologías que más o menos lidian con algunos de los problemas que Funkowitz y Ravetz desvelaban con aquello de la ciencia posnormal. Necesitamos tomar decisiones sobre cosas importantes, en áreas y aspectos donde recopilar concienzudamente información es más complicado y existen altos niveles de incertidumbre. Por ejemplo, el marco del Design Thinking, a pesar de todas sus sombras y deficiencias, más o menos trata de lidiar con esto.

Justamente es por estas sendas que se está encontrando con algunas inquietudes de los Estudios de Futuros: el diseño especulativo, tal como se retrata por ejemplo desde Dunne & Raby, trata de emerger debates desconocidos desde objetos que apelan a escenarios aun no existentes, o invisibles. El diseño-ficción trata de capturar la complejidad desde una visión holística de lo macro (desde las tendencias y la comprensión del mundo) y lo micro (entender el papel que tienen para nosotros objetos, entornos, tecnologías…) y desde ahí, paralelamente, arrojarte a pensar en distintos caminos.

Y, según entiendo, el diseño de futuros se desliza entre todas estas posibilidades y puede abrir otras. Aunque tampoco queda claro donde puede ubicarse con más precisión, más allá de mapear de donde bebe y con qué otros campos se relaciona. Lo mismo, lo que ocurre, es que está tocando algunos flecos que también se están tocando desde la prospectiva de manera intuitiva o a base de golpes con casos cada vez más complejos y caóticos, como sucede en la Teoría de Tiempos Posnormales.

Lo mismo, pero esto ya es intuición que llevo desde hace tiempo, es que podría ser que el diseño de futuros, así como el especulativo o el design fiction, sean cada vez menos sobre diseño. Y que los Estudios de Futuros tengan una deriva hacia el trato de lo Posnormal, e incluso impactos desde las nuevas corrientes de la filosofía, como el Realismo Especulativo. Los marcos cambian, los códigos de realidad están y deben cambiar. Las referencias disciplinares necesitan trastocarse de cabo a rabo desde diversidad de espacios (geográficos, de género, etcétera) para que sean resilientes y ágiles.

 

Me encantaría seguir con este debate. Creo que podemos dejar por este lado zanjada la situación de que Diseño de futuros, existe también formalmente en la práctica y está gestando nuevas perspectivas. Por donde creo que es vital seguirlo, y creo que otras personas también, es en conversar sobre los enfoques metodológicos, las perspectivas y el valor de impacto social que se pueden abordar desde los nuevos espacios de Estudios de Futuros.

 

Jorge Camacho – El futuro como objeto de intención – respuesta de extensión al anterior artículo

Aisling Kelliher, Daragh Byrne (2015) “Design futures in action: documenting experiential futures for participatory audiences”. Futures Journal

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