Hay una cosa que me preocupa del futuro en los medios

 

Forward Woman Artificial Intelligence Robot

Hay una cosa que me preocupa del futuro en los medios. En realidad, es una de las motivaciones que me han llevado a indagar más en algunos aspectos de cómo construímos el futuro en el siglo XXI. Y que creo que nos desarticula como personas capaces de rehacernos con el control del futuro. Eso que me preocupa tiene que ver con el discurso que nos repiten (y llegamos a repetir como loros) una, y otra, y otra vez, ya sabemos: los algoritmos/automatización/robots/Inteligencia Artificial va a quitarnos el trabajo, el x% de la población acabará en la calle. El futuro será de los que se adapten introduciéndose mejoras (cyborgs). El MIT dice, el Foro Económico dice, el gurú dice.

El futuro en los medios

El futuro en los medios debe ser espectacular, emocionar, y tener un punto de polémico. Pero debe parecer familiar, que haya robots, colonización espacial, cyborgs, esas cosas nos suenan de la ciencia-ficción desde hace años. No hablarían de cosas alienígenas, sino serían poco convincentes. A su vez deben asegurar que “ya no es ciencia-ficción, sino realidad”, para que eso familiar pero inexistente y fictício tenga su propio giro hacia lo creíble. Pero sobre todo, deben ser futuros que representan ser impulsados por la tecnología. Futuro=tecnología. El futuro sin tecnología ha sido relegado al “no-futuro” punk, a la negación de cualquier otra transformación posible.

Hace unas semanas, el divulgador Antonio Martínez Ron publicaba en Voz Populi un artículo de opinión, El futuro no es eso que cuentan en las charlas TED, en el que destripaba las mecánicas por las cuales se construyen esos futuros que se repiten una y otra vez en la última década y compramos repetidamente (recomiendo su lectura). En muchas ocasiones, se sacan datos de donde no los hay. Los mezclan con datos reales o alterados para que las narrativas de futuro, y los argumentos que tratan de agotar el presente, entren con calzador y por los ojos, en Dolby Surround para dejarnos con los ojos como platos. ¿Esa sensación de acojone? Lo típico que dirán es que hay miedo al cambio. Cualquier cambio es bien, dicen.

En los medios, por contra, poco espacio se está dando a los escenarios que están impulsándose debido al cambio climático. Porque, admitámoslo, el cambio climático ya no es un futuro, es un presente: las “olas de calor” y las olas de frío que van y vienen ya a cualquier época del año son una manifestación de muchas, las ciudades y ciudadanos sufren de problemas serios con la contaminación a nivel de salud, y ya hay conflictos por el agua (voy a poner aquí un enlace a un medio en inglés generalista sobre el tema porque los medios españoles se preocupan 0, y si de caso te dicen que “eso es un escenario de futuro imposible”, cuando ya está pasando). Por no citar lo de siempre: deshielo, ozono, acidificación de la lluvia…

En los medios pocas veces se cuestiona, tristemente, quiénes promueven ciertos tipos de transformaciones, porque el asunto está en que las IAs no se desarrollan por arte de magia, ni los bots, ni se investiga el campo de la ciborgología por amor al arte -bueno, hay quiénes sí, pero son artistas contados probablemente con los dedos de las manos y que sobreviven como otros artistas… Es decir, hay una serie de intereses económicos, además de una sedimentación cultural, o trasfondo (por ejemplo, el imaginario de la ciencia-ficción) que ha lubricado y ha estimulado por igual la entrada de esas tecnologías previa y vagamente imaginadas. La ley de Moore no es una ley natural, pero hemos tolerado en aceptarla como la base del futuro inevitable. Y ahora hasta se cuestiona si como “ley” económico-tecnológica se sostiene (el MIT decía que ya no, luego jefes de empresas tipo Intel que sí, y así desde hace un par de años)

Apenas se habla tampoco de la capacidad de transformación de la política o de lo social hacia futuros de larga distancia. Esos temas quedarían relegados para el corto plazo y para las secciones pertinentes. Se evita la especulación (viniendo de la Historia, es cierto que se tenía aversión a este ámbito creativo con respecto a lo social, debido a la complejidad y lo fácil que es enmarronarse con humo). Eso sí, ilustran las transformaciones que suceden las transformaciones tecnológicas.

Hay una ligera mutación en los últimos años en esta forma de ver la innovación y sobre todo los cambios,y es que debido a programas europeos como el de Digital Social Innovation, o el viraje de la innovación hacia el plano social, se le está dando algo más de importancia, antecedido por un esfuerzo de pensadores, diseñadoras y activistas que han peleado por la importancia de romper con esa visión. Pero como decía, en los medios, tecnología e innovación clásica es sinónimo de futuro, y viceversa, aun no ha llegado esa transformación.

Esos futuros

Esos futuros pop en sí también me preocupan un poco, porque como decía por el momento los están dibujando unos pocos. No diría más de lo que indica Antonio en su artículo. Igual que pasaba en la narración del pasado, la Historia, aceptábamos hasta hace unas décadas que sólo que la escribían los victoriosos, como se suele decir, hasta que se rompió con esa tradición y se investiga como vivían los “perdedores”, campesinos, mujeres, homosexuales, colonizados… En cambio, seguimos aceptando que sólo el futuro lo pueden escribir los que saben de tecnología y de tendencias, y lo pueden escribir los que tienen poder, los recursos y conexiones necesarias para hacer posible esa trayectoria.

Es cierto que tienen ese cierto poder, y lo saben, y por eso escriben las narraciones de futuro a su relativo placer y a su gran convicción. Está el caso de las empresas que utilizan el futuro como una herramienta de marketing emocional mediante artículos publicitarios, trailers publicitarios, presentaciones keynote…: podemos anticiparnos mientras nos explican esa visión. Una visión que suele estar protagonizada por sus productos (normalmente en vías de desarrollo o incluso prototipado). Podemos emocionarnos, bien o mal, mientras aceptamos que el vértice de expansión del futuro es solamente lo tecnológico. Funciona mejor que un buen anuncio.

Hemos aceptado, sin inmutarnos mucho, que el futuro iba a ser de algoritmos, y ahí lo tenemos. Ahora, hay que reconocer, que hay algo más de voces cuestionando si los coches autodirigidos son 100% ideales, o el sentido de automatizarlo todo para acelerar el crecimiento económico hacia un donde que ya no se sabe muy bien cuál exactamente. Pero seguimos aceptando que sólo está “ese” futuro, o los pequeños futuros que dibujan con sus matices cada corporación tecnológica, utilizando un mismo patrón ya aceptado previamente por todos.

Pero pueden haber otros futuros. Aunque no se haya implementado a la perfección, ciudades como Amsterdam, Barcelona o Madrid están experimentando el futuro de la movilidad y las ciudades no con nuevas tecnologías en primer término, sino con urbanismo y nuevas formas de organizarse. En las economías colaborativas se “innova” en nuevas maneras de entender los bienes, en cómo gestionarlos, y como distribuir la riqueza económica y social, hasta el extremo de la modalidad procomún. Y pueden haber concepciones muy radicales que desmonten el típico relato de futuro (que pretende hacerse realidad con el tiempo), viendo tendencias como el postcolonialismo y el afrofuturismo.

Planificación de varios nuevos prototipos de “supermanzanas” (superilles) en Barcelona para los próximos años

Otros futuros

Esos otros escenarios están trabajándose por parte de futuristas, ayuntamientos (más que gobiernos centrales) y algunas empresas, pero en los medios refuerzan en cambio unos discursos, y tecnologías, que deberían ser para reflexionarlas mientras se desarrollan, en torno a los impactos que generan, positivos, negativos, distribuidos o centralizados, y sobre otras alternativas. Aparte de porqué sólo tratan en los medios esas respuestas: son fáciles de ser más aceptadas porque la creencia de que la tecnología y la ciencia es el motor principal o único del cambio (tecnodeterminismo), porque son familiares a un imaginario cultural previo, y porque son sorprendentes al emfatizar que pasarán de ser ficción a ser realidad, gracias a nuestra capacidad de superación. El punto aquí es que los aceptamos, y depositamos una confianza, independientemente que nos guste o no ese futuro, en que sucederá. Y los medios funcionan como visibilizadores y reproductores de una única narrativa y propuesta, mientras otras no se visibilizan como escenarios igual de alternativos.

Como enfatizo aquí, aunque algunas organizaciones pueden tener algo más de poder para desarrollar tecnologías-futuro (tienen recursos y medios), y nos encontramos en un tipo de sociedad donde la tecnología y la ciencia son centrales, nosotros tenemos en cierto modo la última palabra, o cierta “agencia”. Ya sea como consumidores, pero sobre todo ya sea apostando por otros caminos mediante otro tipo de acciones, por pequeñas que sean. El punto es no entender los futuros que vemos en los medios generalistas como “el futuro”. La realidad es que no existe un único futuro ya escrito previamente, sino que existen diversos escenarios y medios para irlos escalando.

En este espacio encontrarás algunos artículos donde podrás ampliar un poco más este tema y poco a poco iré presentando herramientas y mecanismos.

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