Nuestros referentes de futuro tienen un siglo de antigüedad

Albert Robida, 1890. Le Vingtième Siècle, La Vie Eléctrique. En esta obra proyectó posibles tecnologías y modos de vida cotidianos, incluyendo el Telefonoscopio, un combinado de televisor y aparato para videoconfencias

¿Cómo podrían ser los robots, coches voladores o los jetpacks para el siglo XXI, la Era Posthumanista? Nos encontramos en un proceso histórico incierto. Aunque no está claro si el modelo industrial y el sistema capitalista conseguirán reestablecerse en una nueva mutación o la época que será presente será algo radicalmente distinto, lo cierto es que muchos paradigmas que eran propios del siglo XIX y las Revoluciones Industriales están desfasados o en decadencia. ¿Por qué mantener los mismos imaginarios de futuro?

Damos por sentado que los robots, las ciudades infinitas y la comida en píldoras forman parte, aun, del futuro. Algunas imágenes proyectadas en el pasado, sobre su respectivo futuro, ya se han “cumplido”, tales cómo los viajes espaciales, o la Smarticización de las casas (antaño conocido como domótica), pero otras viejas promesas siguen en nuestro horizonte, ligadas como si de tareas pendientes se tratasen: jetpacks, la colonización del Sistema Solar o robots completamente autónomos.

 

Futuros de dos revoluciones industriales

Normalmente damos por sentado que el futuro, de algún modo, ya existe, sólo que aun está por llegar. Esta perspectiva es propia de una cultura con herencias de tradición cristiana. Para ésta, el futuro se entendía como predeterminado, conocido como Apocalipsis (y para algunas corrientes modernas, precedidas por la segunda llegada de un mesías…). En definitiva, esta perspectiva se refuerza con una consecuencia de ésto: que el futuro, al estar pre-escrito, ya sea por una entidad religiosa o una inteligencia cósmica, puede ser advertido, adivinado, y sólo puede haber una posibilidad de acierto, y muchas para el error. Nos dice esta perspectiva que es adivinable y se puede competir en dar al clavo. Nos genera interés (o temor) cualquier contenido que tenga por título algo afirmativo sobre el futuro, como por ejemplo “7 predicciones acertadas” “las 20 tendencias que marcarán el año nuevo” o “En el futuro x tecnología provocará y resultado”. Y esto nos lleva a otra consecuencia: nos hace entender que cualquier imagen lanzada en nuestro pasado es una tarea que alcanzar y cumplir.

Pero no funciona así. El futuro no existe. Lo advierten desde diversas posiciones de la física, y se indica en la prospectiva (o futurología). Y eso no es algo malo. El futuro en realidad es un horizonte de diferentes posibilidades y probabilidades que pueden ir variando con el paso del tiempo.

Algo que también puede variar con el tiempo son los deseos y expectativas sobre la sociedad y el futuro. Antes de las revoluciones industriales (a lo largo del siglo XVIII y el XIX) el futuro no era un elemento clave para las sociedades occidentales (más allá del Apocalipsis, o de desear adivinar cómo serían las cosechas o advertir catástrofes), y no-occidentales. El futuro es un invento moderno.

Si entendemos entonces cómo el futuro no es sólo el conjunto de factores y tendencias que se van consumando, tejiendo así nuevos presentes, además como un conjunto de relatos que nos contamos, donde volcamos anhelos, esperanzas o temores, y estimulan la creación y la inventiva (dando forma a lo que será presente), entonces podemos revisar con nuevos ojos algunas imágenes de nuestro pasado.

Existen unos iconos, o imágenes, que tienen más o menos un siglo de antigüedad y siguen apareciendo como también nuestros referentes de nuestro(s) futuro(s).

Alpha, the robot. Una ilustración en October 23, 1932 Ogden Standard-Examiner (Ogden, UT).

Algunos ejemplos pueden ser:

  • Viajes y colonización de planetas en el espacio. Encontramos algunos fundamentos más clásicos en De la Tierra a la Luna (Jules Verne, 1865), Los primeros hombres en la Luna (H. G. Wells, 1901)
  • Robots. Antes de que Capek acuñara la palabra para su obra de teatro R.U.R. (1920), ya se evidencian en la imaginería de futuros antigua del siglo XIX, en forma de mayordomos mecánicos (1906), por ejemplo, derivados de la idea de los autómatas. Con este icono también se va desarrollando el deseo de poder desarrollar una inteligencia “no-natural” tan o más inteligente que el ser humano, dando lugar a lo que hoy entendemos como Inteligencia Artificial. Y de ahí que hoy en día hablemos de robots también como entes intangibles, como lo serían los chatbots o robots conversacionales.
  • Ciudades Racionales futuristas. Hoy las conocemos como Smart Cities sobre todo. Pero la idea de la ciudad como espacio icónico del futuro es de las más antiguas en torno a la fundación del futuro como espacio utópico o planificable mediante la razón, la ciencia y la técnica. Como por ejemplo se ve en este conjunto de imágenes coleccionados por Paleofuture
  • Vehículos (im)posibles y el coche autónomo. La movilidad se expandió justo a partir de las Revoluciones Industriales. Desde vehículos voladores, pasando la promesa de coches veloces sin caballos, a vapor y eléctricos, hasta la implantación del motor diesel y su celebración por el movimiento italiano Futurista, dando lugar hacia los años 40 y 50 a versiones aun más elaboradas de coches sin conductor o voladores, de justo cuando la industria automovilística tenía un bum en muchos países y cada vez más ciudades estaban preparadas para los coches veloces.
  • Telecomunicaciones increíbles. No por haberse alcanzado ya deja de ser interesante mencionarlo. A lo largo de las Revoluciones Industriales se investigaron diversos métodos de comunicación instantánea en largas distancias, dando lugar al telégrafo eléctrico (principios del siglo XIX, 1816). Junto con la invención de la fotografía, no tardarían algunos en imaginar las posibilidades de ambas tecnologías unidas, como por ejemplo las ilustradas por el viñetista francés Albert Robida en Le Vingtième Siècle, La Vie Elèctrique (1890): televisión, Skype y e-learning, todo imaginado por él.
  • Comida en píldoras y comida sofisticada. Comida en formato de vapores y humos, platos minimalistas con nombres rimbombantes, o píldoras que comprimieran nutrientes de una comida entera… Uno de los referentes en proyectar futuros de la alimentación fue, sin duda alguna, el Manifiesto de la Cocina futurista (1932), de F. Marinetti y el artista Fillia.
  • Humanos mejorados. El Transhumanismo, ya comentado en este artículo, se remonta también a principios de siglo XIX (aunque con el término fue acuñado en los años 50), a ideas como la eugenesia y el uso de todo tipo de wearables para mejorar o añadir nuevas capacidades a los humanos, incluyendo los famosos jetpack.
La caza en el año 2000, imaginada por el ilustrador Jean Marc Côté ca. 1890-1900

Estas ideas de futuro que aun siguen vigentes, si no ya materializadas en otros casos, siguen en la mente de millones de personas como sinónimos del futuro.

No es nada negativo de por sí seguir manteniendo unos referentes de futuro que aun pueden cumplirse, pero sería bueno revisar qué hay detrás de esos iconos, a qué están sujetos. Y para comenzar a hacerlo, es tan sencillo como visualizar los deseos o necesidades percibidas que se buscaban cubrir con estas imágenes de futuro cuando se lanzaron hacia la cultura en su momento.

Por ejemplo, los robots derivados de los autómatas reproducían el ideal industrial de la extrema automatización de operaciones y tareas hasta entonces por humanos, hasta el punto de poder substituir la fuerza humana por fuerzas más controlables y menos dadas “a la entropía social”, sin estar sujetas a otros costes. No es casual que los hermanos Capek formaran el neologismo Robot a partir del verbo checo “robota” o “prestación de trabajo”, “trabajo de siervos”.

Vehículos y telecomunicaciones se asocian a las revoluciones de la comunicación que permitieron la globalización de la economía y su escalabilidad en aras de las Revoluciones Industriales. La ciudad, además, se asociaba con el progreso desde al menos el inicio del Renacimiento, cuando la economía feudal fue cayendo en manos de grandísimos terratenientes y la población fue acumulándose cada vez más y más en las urbes.

 

Pero ya no vivimos en esas revoluciones industriales ¿cuáles son los nuevos futuros?

Aunque se hable de que estamos entrando en una Cuarta Revolución Industrial (hasta hace una década sólo existían dos reconocidas), la realidad es que nuestras necesidades globales y locales, y nuestras realidades, son muy distintas a la de las personas que lideraban el mundo hace más de cien años.

Además del cambio climático, vivimos en un mundo hiperconectado que está(mos) elaborando un nuevo pacto social, nuevas formas de organizarnos y de elaborar políticas. Aunque el grado de incertidumbre es muy alto, sobre cuál sería esa forma final de sociedad que estamos construyendo, tampoco existen referentes ideales explícitamente conformados (sólo estamos inundados de narrativas distópicas, hoy en día, llámemosles Black Mirror, The Handmaid’s Tale, Westworld, etcétera).

Las formas de trabajar, a raíz de la imposición del algoritmo-del-todo, están cambiando, y hasta el World Economic Forum propone como habilidades indispensables aquéllas relacionadas con lo heurístico, el pensamiento crítico, y lo creativo. Vivimos en un mundo de- y reformado tras la globalización y esa hiperconexión. Pero como decía, seguimos reconfigurando el pacto social, sin saber cómo o porqué convivir en la diversidad.

Escultura digital 3D diseñada por Jason Hopkins dentro de la serie “Posthuman Futures”

Nos faltan muchos nuevos iconos e imágenes de futuro popularizados que nos sirve de referencia para debatir sobre lo que queremos, e inspire un nuevo camino más próspero, como así lo hicieran los Jules Verne de la Era Industrial. Algunos atisbos tenemos, a partir de las Posthumanidades, nuevas formas de economía bajo el paraguas de las Economías Colaborativas y el Blockchain, o muy especialmente en el territorio de los futuros postcoloniales, como el Afrofuturismo, del que próximamente hablaremos por aquí

¿A partir de qué espacios y variables podrían formarse las nuevas imágenes de futuro para este siglo XXI?

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