El poder de las proclamas de futuro: las profecías autocumplidas

¿Fue Jules Verne un visionario que predijo nuevos inventos, o un gran influyente en la cultura tecnocientífica en la que aun nos encontramos? ¿Qué fue antes, la idea del futuro, o el futuro hecho presente? Existe un mecanismo psicológico y social que desmonta parte del mito sobre que el futuro es un lugar predefinido. El futuro es un horizonte donde se pueden volcar nuestros deseos y anhelos, y es aquí donde entran en juego las profecías autocumplidas.

¿Qué es una profecía autocumplida?

Las profecías autocumplidas no son unas totales desconocidas. Son un fenómeno psicológico y cultural, individual y colectivo, bastante estudiado, que vincula y estimula creencias con comportamiento. En pocas palabras, una profecía autocumplida es una afirmación, en ocasiones vertida hacia el futuro, que al ser asimilada y creída por un receptor, o por uno mismo, estimula el comportamiento y la actitud dirigiéndolos hacia la consecución de esa profecía. Dicho más sencillo, es una creencia sobre algo que no existe y que hace que las personas dirijan sus acciones a hacerlo realidad.

Quizá el ámbito de la moda sea el más sencillo de utilizar como cajón de casos. En este sector, las tendencias que marcan las temporadas se diseñan entre un análisis de la evolución de gustos, clima político, modos de vida y propuestas emitidas por personas influyentes (las influencers hoy), y especialmente por las inclinaciones estéticas y preferencias creativas o estratégicas de diseñadores o la dirección de las firmas de moda. Por tanto, las tendencias que se anuncian para una temporada futura no tienen tanto que ver con pronósticos sino con propuestas que acaban calando y se convierten en populares. Ahí andan las semanas de la moda y desfiles que presentan temporadas con una antelación de medio año, un año o incluso un poco más; los eventos como la MET Gala que marcan una importante influencia, la inversión de las marcas en patrocinio a influencers e It girls en los medios, y el uso del poder cultural de ciertas revistas. Para más información, el documental “The September Issue” (2009) es interesante a este respecto.

Si me permites, intentaré usar una historia fictícia, saltándome el funcionamiento más complejo de la moda, para explicar de forma más sencilla qué es una profecía autocumplida:

Imagina que un director creativo de la moda, tipo Karl Lagerfeld, anuncia en una importante revista de moda y estilos de vida que dentro de dos años se llevará en la calle tejidos con LED inteligentes parpadeantes, y será lo más. La tecnología ya existe, pero es aparentemente una moda muy radical como para verla como algo cotidiano. Algunos diseñadores pican el anzuelo y convierten esa idea en una verdad, porque ese director creativo tiene una gran autoridad y relevancia en el sector y no dirá cualquier tontería, debe ser verdad; así, se ponen a confeccionar atuendos con LED parpadeantes y en las siguientes Fashion Week se ven un montón de propuestas.

Katy Perry en la MET Gala 2010 llevando un vestido de Cutecircuit. Foto: Foto: REX Shutterstock

Entonces, algunas influencers comienzan a aprender Arduino y a hacer tutoriales de DIY sobre como hacerse bufandas y hackear vestidos con LED parpadeantes. Al poco, las marcas de ropa baratas también lanzan ropa low-cost con LEDs, sobre todo complementos. Y al cabo de dos largos años la calle se ha llenado de atuendos con LED parpadeantes, fuera de las raves o las películas de ciencia-ficción. La moraleja es que el director creativo se inspiró en una Maker Faire que visitó meses antes, y le pareció atractiva la idea de LEDs en el textil, pero no habían indicios que fuera probable. Simplemente un anuncio algo sorprendente pero un poco verosímil en boca de alguien influyente acaba de cambiar la percepción pública y el deseo colectivo, ayudando a realizar su profecía. Más aun, una vez cumplida, puede decirse que fue un visionario, reforzando positivamente la sed de confirmar que aquel anuncio de una nueva tendencia era cierto.

Fuente: Shenovafashion

 

Profecías autocumplidas y futuro

Spock con un tricorder en la serie original Star Trek

Las películas, la literatura popular, la publicidad, o las palabras de una famosa tienen un peso importante en confeccionar, reciclar, reproducir y sobre todo consolidar y normalizar imaginarios, creencias y deseos (lo que se considera estético y lo que no, lo que se considera correcto o incorrecto, etcétera). La ciencia-ficción es quizá el género que más peso e influencia cultural ha tenido en el ámbito tecnológico, y en general sobre la concepción del futuro. Existen muchas listas de inventos y eventos que fueron predichos por escritores.

Ciertamente, las y los escritores de ciencia-ficción son personas versadas en tecnología o ciencia, y, sobre todo en las últimas décadas, son personas que suelen tener una mínima mirada integradora de la complejidad del mundo, o están enteradas de las tendencias en tecnología. Así fue el caso de J. Verne, que se dice era leído en materia de avances tecnológicos, I. Asimov era científico y un gran apasionado de la Historia, o U. K. Leguin, que además de tener un doctorado en literatura y tener un gran interés por la ciencia, es hija de dos eminencias en la antropología. Por este motivo, sus obras suelen estar cargadas de verosimilitud no sólo con su propia historia, sino con el presente, y de ahí su poder de seducción.

Verne es quizá el caso más referenciado como “profeta”, pero algunas de las invenciones o hechos conseguidos por los personajes en sus obras se basaban en especulaciones de su época. En ese caso, las extrapolaba y utilizaba como pretextos, “Macguffins” (que no son las madalenas de la cadena de comida) o ambientación. Sus obras son consideradas literatura de interés universal, versionadas en películas y obras de todos los medios, e importantes influyentes de la cultura contemporánea. Y así otras tantas obras de otros influyentes creativos que, como decía, aparecen mencionadas en las famosas listas de invenciones antes imaginadas. Así pues, la pregunta parecerá similar a la del huevo o la gallina ¿predijo o inspiró? ¿Pronosticaron o catalizaron la persecución de un escenario de futuro concreto (una invención)?

 

El poder del imaginario y la sugestión pública

Si nos remitimos al funcionamiento del horizonte de futuro (ver el artículo sobre los conos), existe una importante franja que es capital a la hora de valorar caminos que estamos tomando como entidades o sociedad, y son los futuros plausibles, y especialmente los deseables/preferibles.

Fuente del cono perdida por Internet, una de las mil versiones

 

Destacaría por ahora dos motivos clave:

  • Familiaridad y aceptación
  • No nos preparamos ni actuamos para futuros que no han sido imaginados. Enfocamos acciones en lo aceptado y deseado

 

Familiaridad y aceptación

Por los innovadores y analistas de tendencias es conocido un término capital: MAYA. MAYA es el acrónimo de “Mostly Advanced, Yet Accepted“, que traducido sería “Lo más avanzado, aun no aceptado”. Para que una invención tecnológica muy avanzada sea adoptada por un “mercado” o por mucha gente, ésta necesita una previa aceptación. La aceptación, o su compra y consumo, dependen de diversas variables tal como una necesidad o un deseo percibido, así como que sea percibido como conveniente y mínimamente aceptable. Son diversas las invenciones que no han pasado la prueba (de nuevo, hay por Internet diversas listas sobre innovaciones fallidas de Microsoft, Apple y un largo etcétera) a pesar de estar bien pensados. Así es el caso, por poner un ejemplo, de las “PDAs” de Palm, que se avanzaron a las tabletas y smartphones.

Si miras a tu alrededor, a los objetos y herramientas que usas (como el dispositivo con el que estás leyendo esto), es más que probable que ya hubieran sido imaginados hace largos años, e incluso que lo hubieras visto en algún capítulo errante de Star Trek por la tele, o en alguna película futurista de hace varios veranos. Hasta entonces eran diseños fictícios, pero ahora son realidad. Más aun, es probable que no haya ningún objeto a tu alrededor que sea tan alienígena que no tenga referente cultural alguno previo. Las innovaciones deben tener formas, texturas, colores, interfícies y diseños que inviten a sentirse cómodo, que sean intuitivos mínimamente en su uso.

En cambio, aquellas propuestas más alienígenas y extrañas, como la arquitectura genética, que propone hacer edificios con materia orgánica generada en laboratorio previamente, generan un gran rechazo (imagina vivir en una casa hecha de materiales similares al hueso e incluso la carne). Y ahí anda entre otras viscisitudes y polémicas la situación de aceptar órganos orgánicos, valga la redundancia, construidos con impresoras 3D especiales. Algunas invenciones, cuando son demasiado “avanzadas” y extrañas, requieren años de pedagogía y/o publicidad para ser aceptadas.

 

¿Cómo actuar para un futuro desconocido, si se desconoce?

Cuando algún hecho o conocimiento es desconocido por ti, ¿eres capaz de imaginarlo? Es imposible imaginar algo, generar imágenes mentales, de algo de lo que no tenemos siquiera referencias similares o relativas. Es difícil de explicar este punto, pero pocos fueron los que conocían la situación de las bancas estadounidenses antes de la crisis de 2008.

 

La sugestión pública

Los escenarios de futuro que repercuten en los medios, o en las películas de ciencia-ficción más pop tienen un poder de influencia a la hora de imaginar el futuro. ¿Imaginas algún futuro que no se parezca a lo que ya has visto o leído sobre el futuro? Así mismo, un efecto similar tienen las proyecciones que se usan por parte de las industrias tecnológicas en keynotes o en publicidad, ya sea para generar hype, o para ir metiendo con calzador una idea especulativa que aun no existe pero, para esas empresas, son deseables. En este último caso, se utilizan estos escenarios como herramientas de marketing.

Una vez que aceptamos que un futuro preconcebido por un agente será “el futuro”, lo permitimos o incluso participamos y nos motivamos, si se nos presenta como positivo, o nos dejamos vencer por la animadversión, la apatía y la indiferencia ante los más distópicos. En parte debido también a una creencia muy enraizada relacionada con entender el futuro como un lugar y destino inevitable.

Así pues, la profecía autocumplida se puede entender como un mecanismo social y cultural intrínseco a los humanos, que nos hace alinear nuestras acciones o pasividad con la consecución de una profetización, o bien como una herramienta. La cuestión es que podemos apostar también por enfatizar aquellos futuros que nos empoderen socialmente, como contratendencia a los futuros tecnológicos en manos de pocos, donde somos meros espectadores, y a los futuros más sensacionalistas o apocalípticos.

 

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