El Transhumanismo, uno de los ingredientes de nuestro futuro mainstream

El Transhumanismo es, hoy en día, un término algo más sonoro. Por este motivo, en este artículo no me detendré mucho en explicar en gran detalle qué es, sino en dar un repaso a uno de los movimientos políticos (sí, es político y explicaré más adelante porqué) con vocación de futuro. A día de hoy, ha sido asimilado en el futuro pop de nuestros medios, esa perspectiva que la gran mayoría consideraría “el” futuro irremediable. El Transhumanismo, TH, o en ocasiones conocido como H+ (también aplicado para mencionar a los posthumanos) comenzó a plantear la urgencia de tomar el relevo de la naturaleza en términos de la evolución humana, así como de adaptar el entorno, sobre todo el natural, a las viscisitudes que el propio progreso tecnocientífico ha ido generando.

El Transhumanismo se define a día de hoy como un colectivo de propuestas y corrientes internacionales que abogan, en general, por transformar por medios propios al ser humano,y secundariamente o por defecto a su entorno, hacia la superación de sus límites e imperfecciones. Todo esto a golpe de tecnología. Un nuevo horizonte de bienestar prometido y cuasi-perfección (según la corriente), conocido como el post-humano.

Primo Posthuman, prototipo de cuerpo humano mejorado por Natasha Vita-More

La propia condición del mundo, caracterizada por el cambio climático, la incertidumbre laboral y económica, la aceleración tecnológica, o las constantes amenazas bélicas, generan la percepción de que el ser humano está también al borde de una extinción. Ya sea desde un punto de vista más bien metafórico (por ejemplo, que los robots serán más eficientes que los humanos y nos quedaremos sin trabajo, por tanto, sin medios para vivir) o bien desde un punto de vista totalmente literal, apocalíptico.

 

De dónde viene y qué fue

El Transhumanismo se remonta en los fundamentos de algunas de las propuestas políticas liberales más tecnológicamente radicales de principios de siglo XX, especialmente en el período de las grandes guerras. Se encuentra entre su sustrato político-cultural la idea de la eugenesia, esa propuesta de la reproducir nuevas generaciones más fuertes, inteligentes o hábiles, mediante la selección artificial de los padres; la mejora del cuerpo humano individual mediante intervenciones quirúrgicas o aplicaciones ortopédicas, o la sugerencia de que el destino esencial del progreso es una singularidad tecnológica. En diversas fuentes se indica que el primer director de la UNESCO, el dr. J. Huxley (hermano del Huxley más conocido), fue el que dio una primera forma al concepto del Transhumanismo en un artículo-ensayo de 1951, y más tarde en otro de 1957, como posible política transformativa:

I believe in transhumanism: once there are enough people who can truly say that, the human species will be on the threshold of a new kind of existence, as different from ours as ours is from that of Peking man. It will at last be consciously fulfilling its real destiny.”(“Transhumanism.” Julian Huxley. In New Bottles for New Wine, pp 13-17. London: Chatto & Windus, 1957). Fuente indirecta aquí

[Trad] Creo en el transhumanismo: cuando haya suficiente gente que diga esto mismo de verdad, las especies humanas se encontrarán en el límite de un nuevo tipo de existencia, tan distinto de la nuestra como lo fue nuestra existencia para el hombre de Peking [se refiere a un especimen de Homo Erectus, que vivió hace 750 mil años]. Por fin, el ser humano alcanzará de manera consciente su auténtico destino

Sin embargo, no fue hasta mediados-finales de los años 70 que el transhumanismo tomara forma. No es casualidad que fue en un momento cuando el pesimismo y la desilusión por el futuro tomó fuerza (aquí recomiendo vincular el trabajo de Franco Berardi “Bifo” y de Fredric Jameson). En aparente contradicción, este movimiento retomó un camino que podríamos decir utópico y futurista, pero lo cierto es que asume la imposibilidad de alcanzar un futuro de manera totalmente inevitable (es decir, que no tiene garantías) y respondió con una ligera agenda, o la concepción, por lo menos, de una estrategia; de que para alcanzar una meta hay que meterle mínimamente algo de energía y acciones.

Anuncio de ca. años 20 de un aparato para deformar la forma de la nariz

El transhumanismo se ha caracterizado normalmente por ser un conjunto de corrientes y propuestas algo heterogéneas, variadas. Algunas más radicales, otras más “soft”. Y, según se indica en algunos espacios, sería con la (sub)corriente extropiana y uno de sus impulsores, Max More, cuando el transhumanismo tomó la forma contemporánea, e impulso. Es en los años 80 cuando se consolidan con más fuerza diversos grupos independientes, compuestos en ocasiones por científicos y pensadores afiliados a universidades como la University of California, que abogaban por métodos “futuristas” específicos (donde el conocimiento para obtener los avances anhelados no estaban del todo conformados, pero la especulación ya estaba lanzada) para la mejora o superación de algún límite humano, como lo criogénesis o la colonización del espacio.

En 1988 Max More y Tom Morrow lanzaron la primera publicación vinculada al desarrollo del pensamiento transhumanista, Extropy Magazine, y en 1992 fundaron el primer instituto dedicado a la investigación, el Extropy Institute. Pero no es hasta finales de los años 90 cuando estas diversas corrientes, como el Inmortalismo, el Singularidanismo o el Postgenerismo (disculpad las traducciones vagas) encontraron una comunión bajo la fundación de la World Transhumanist Association, en 1998, por entre otras personas, Nick Bostrom, uno de los filósofos actualmente más influyentes de Silicon Valley. De aquí a entonces, el Transhumanismo ha influenciado de manera importante nuestra manera de entender el futuro, a escala general.

 

¿Pero qué propone el Transhumanismo?

Las corrientes transhumanistas, como queda evidenciado, giran en torno a la superación de los límites de la humanidad, siendo la meta final alcanzar el estadio de posthumano. Y lo que es más importante, no es un movimiento estético o lúdico, es un movimiento social, con agendas políticas volcadas en lo tecnológico y científico, que superan lo especulativo en realidades. Sólo hasta ahora estamos viendo que los cyborgs o las Inteligencias Artificiales son realidades.

Como queda más o menos patente por lo que comentaba, han existido diversas corrientes, y debates internos, que discuten cómo alcanzar la meta, e incluso debaten qué se supone que será un posthumano. Algunos, incluso, con una perspectiva altamente metafísica e incluso espiritual, algo que ha dividido internamente y por lo visto a varios transhumanistas entre sí.

Para comenzar, es bueno disponer algunos fundamentos comunes de manera breve. Para el Transhumanismo, así como para gran parte del pensamiento occidental clásico cuyos fundamentos se remontan en la Ilustración, el cuerpo humano se ha tratado en múltiples ocasiones como un ente separado de la mente; esta mente, en ocasiones vinculada con el cerebro, se suele entender como el lado perfecto de lo humano, mientras que el cuerpo es afligido por la imperfección física, las enfermedades, sus instintos animales, sus propias limitaciones en cuanto a fuerza o destreza, o la vejez, y la muerte. Aquí es donde se pone el asunto complicado, cuando se plantea la posibilidad de si la mente, al igual que ocurría en las tradiciones judeocristianas respecto al alma, continúa existiendo, o se desvanece con la muerte del cuerpo.

Por otro lado, existe otra idea importante, que en este espacio ya se ha tratado, que es la asunción del progreso como destino inevitable de cualquier ser inteligente: una idea que nos dice que el progreso es algo natural e inescapable para cualquier civilización: éstas pronto comienzan a investigar en tecnología y ciencia, y se mejoran a sí mismas mientras no colapsen, hacia un futuro que, aunque es desconocido, está claramente marcado por el alcance de la perfección civilizatoria.

Anónimo. Gráfico que representa la aproximación a la Singularidad tecnológica. Ca. 2000s. Vía Wikimedia

Así pues, volviendo al tema de las corrientes, las hay que consideran que el cuerpo tiene sus cosas buenas y puede ser mejorado, mediante la genética o la epigenética, la modificación del cuerpo (artistas como Orlan o Stelarc han abordado seriamente estos temas), o la sustitución y añadidura de nuevas extremidades e implantes para aumentar las capacidades cognitivas o percibir energías o espectros de luz que hasta ahora no habíamos alcanzado, además de superar las enfermedades y la vejez. Otras corrientes, en cambio, consideran que el cuerpo es un bien obsoleto, de ahí que algunos propongan temas como la descarga de la mente en un universo virtual hecho al gusto.

La Singularidad, un término que cada vez más se oye en los medios, tiene distintas perspectivas. Una de ellas, la Singularidad Tecnológica, planteadas en algún inicio por el escritor de ciencia-ficción Vernor Vinge y el futurista de Google Ray Kurzweil, asume la idea de que la Singularidad es el momento en el que la Inteligencia Artificial alcance y supere la inteligencia humana en sus diversas facetas (racional, emocional, etcétera). En cambio, por otro lado se habla de la Singularidad Total, donde se supone que las ciencias y tecnologías avanzadas, biológicas y digitales, convergirían en un punto donde el ser humano se puede superar a sí mismo, hacia el posthumano.

El tema aquí se hace interesante, en tanto que algunos suponen que el posthumano no necesariamente es un ser humano mejorado, sino que serían supermáquinas, creadas por los humanos; quizá con componentes biológicos, quizá sólo en la nube. Este es uno de los motivos principales por los que no existe una única agenda o corriente transhumanista, sino que existen diversas estrategias y perspectivas (algunas incluso espirituales y metafísicas, para disgusto de otros) para alcanzar algún tipo de singularidad y posthumanidad. Por ejemplo, la idea de que el ser humano debe “actualizarse” para no quedar desbordados por la sustitución de las máquinas, no es del todo nueva.

 

¿Cómo ha llegado a ser futuro mainstream? Hipótesis

No existen estudios en profundidad que determinen cómo este movimiento ha colonizado lo que entendemos como futuro, pero aquí propongo una hipótesis.

Uno de los fundamentos que creo es capital para entender la facilidad con la que se ha colado en nuestras mejores y peores expectativas es que se fundamenta en ideas no tan radicales. Sí, es radical proponer que todos deberíamos ser cyborgs, o que la descarga de la mente en un superordenador sea posible. Pero no son ideas excesivamente novedosas a la que se rastrea tanto la propia historia de la ciencia-ficción, años antes que el transhumanismo se conformara oficialmente. Mary Shelley, Isaac Asimov, Phillip K. Dick, son ejemplos de escritores influyentes que han tratado temas afines al transhumanismo antes de que éste existiera.

Así mismo, como ya comentaba, remonta sus raíces en los inicios de los años 20, pero así también en el siglo XIX (sólo basta con ver las imágenes de Jean-Marc Côté y sus hombres voladores, o los niños educados a base de embudo), y, sobre todo, como el propio Nick Bostrom da cuenta en su A History of Transhumanism (2005), se remonta en la Ilustración, en el momento en que las sociedades occidentales se entendieron como modernas; justo cuando la idea del progreso como destino irrevocable y moralmente obligatorio fue asentada. Es decir, el Transhumanismo no es más que la aglomeración e hipérbole de algunas creencias y (meta)relatos que da forma a nuestra cultura.

El Transhumanismo condensa muchos de los grandes anhelos y configuraciones estéticas que al futuro se le arrojaban.

Además, en los años 80 muchas de las ideas por las que el transhumanismo aboga como posibles realidades futuras ya han aparecido una y otra vez en películas, novelas cyberpunk o como ambientación futurista en diversas keynotes y publicidad futurista de empresas tecnológicas.

Ilustración de la serie ‘En l’an 2000’, por Jean Marc Côté, ca. 1890

Por otro lado, desde su formación, y a día de hoy, el Transhumanismo en sus diversas variantes ha contado con alguna que otra organización, y sobre todo con personalidades del mundo de la ciencia y la tecnología de gran renombre, o que por lo menos no son exclusivamente conocidos por su trabajo en el sino del movimiento. Así, se han contado el robotista Hans Moravec, el futurista y ahora director de ingeniería en Google Ray Kurzweil, el fundador de Paypal y conservador Peter Thiel, además de los ya citados en este artículo. Es bueno remarcar que además de esto, existen grandes iniciativas con una importante inversión económica.

Quizá Google sea el caso más paradigmático, o al menos más visible en su agenda de acción transhumanista. Ahora conocido como Alphabet, bajo su techo cuenta con una empresa que investiga en ciencia y tecnología anti-envejecimiento, Calico Labs, o son uno de los importantes inversores detrás de la Singularity University, una institución global de educación para emprendedores, innovadores y ejecutivos de alto nivel. En esta institución, los programas sólo se centran en la enseñanza de lo que llaman “tecnologías exponenciales”, aquellas que son aceleradas y se aproximan hacia la singularidad tecnológica, abordando temas y escenarios de futuro como nuevas oportunidades de negocio, el futuro del trabajo ocupado por inteligencias artificiales, el urbanismo en la era de los coches autónomos, o la privacidad en un escenario donde la ingeniería genética estará al orden del día. Escritores de libros bestseller de futuro y emprendeduría como Kurzweil (de nuevo), Peter Diamandis o Salim Ismail se cuentan entre sus formadores.

Así pues, la teoría está en que, además de que se fundamenta en propuestas no excesivamente novedosas, sino en algún modo familiares (pero sí transgresoras como para no dejar indiferente a nadie), en el momento en que su propuesta de futuro se ha posicionado en el público como plausible en base a descubrimientos, innovaciones y avances afines a su propuesta. Pero sobre todo, se trata de un proceso de asimilación cultural lento, que ha hecho de sus propuestas alineadas con el progreso, la aceleración tecnológica y de mejora humana tópicos y estéticas habituales para describir el porvenir.

Para muestra, un botón reciente (abril de 2017). Nick Böstrom, uno de los invitados por el espacio Vodafone One-El Futuro es One, expone su estrategia ante el avance de las superinteligencias. Cabe destacar el refuerzo de la idea de que la llegada de las superinteligencias, de la Singularidad Tecnológica, es, aparte de inminente (urgencia), inevitable (impulsado por fuerzas ajenas al ser humano, aparentemente)

 

¿Por qué tiene críticas este movimiento?

Para finalizar, el Transhumanismo era y sigue siendo conocido por las críticas y temores que levantaban. Las críticas más habituales han sido las de tipo bioético, así como las de carácter filosófico. En el ámbito de lo bioético, temas como la ingeniería genética o la mejora humana mediante prótesis genera debates sobre el impacto que éstos pueden tener sobre la naturaleza del ser humano, y especialmente aquellos temas relacionados con la descarga de la mente. Éste último tema, rozando lo metafísico, parte de la premisa de que científicamente no se entienda la relación cuerpo-mente, de si la filosofía cartesiana es al fin y al cabo una mera teoría, o de si el hecho de descargar la mente, en realidad, no fuera más que hacer una copia para luego “pegarla” en una supermáquina (como en la película Transcendence, de 2014, sugiere).

Más allá de estas disquisiciones, sin duda una de las críticas que más fuerza toma es la naturaleza aparentemente elitista y extremadamente capitalista liberal de al menos parte del movimiento. Este movimiento suele abogar el cambio como finalidad. La pobreza, por ejemplo se podría entender como una de las limitaciones humanas que bloquean esta transformación, por lo que no recae en sus manos tener que ocuparse de un tema social, cuando las posibilidades de superar el propio ser humano están a la vuelta de la esquina.

Algunas de las preguntas habituales son ¿quién tendría (o ya tiene) acceso a las mejoras humanas? ¿Qué ventajas supone tener unas mejoras en las capacidades biológicas o cognitivas frente a otras personas que no puedan acceder a ellas (por ejemplo, para acceder a puestos de trabajo especiales)? ¿Qué impacto tendría en cuanto a la organización social? ¿Crecerían o se aminorarían las diferencias socioeconómicas?

Creating abundance is not about creating a life of luxury for everybody on this planet; it’s about creating a life of possibility. (Peter Diamandis, visto en la web de Singularity University)

[Trad] Crear abundancia no va de crear una vida de lujos para todo el mundo en este planeta; consiste en crear una vida de posibilidades

También se tratan los escenarios que proponen para generar otras preguntas, como por ejemplo ¿qué ocurriría en un mundo donde todos viviésemos el doble de años, a nivel demográfico, y de la economía pública? ¿Qué trato tendrían aquellas personas que fueran posthumanas?

Es un movimiento que no es que solo deje indiferente, sino que dada la fuerza y la capacidad de persuasión que ha concebido en la opinión pública, y en el desarrollo tecnológico de los últimos años, merece darle varias miradas. Lo cierto es que el futuro más popular, de hoy en día, es ya un calco de las propuestas futuristas del Transhumanismo, si no es que el Transhumanismo “es” la propuesta de futuro en la que todos pensamos cuando pensamos en lo que ocurrirá en 5, 10 y 20 años.

Ha sido absorbido en el discurso de grandes potencias económicas, que han encajado el discurso transhumanista por su facilidad de copar la imaginación del futuro, nuestra imaginación que estaba falta de ideas que generasen un mínimo de “sense of wonder” o sentido de maravillamiento. El cóctel resultante ayuda a generar así urgencias de “actualización” ante una Cuarta Revolución Industrial probablemente (a estas alturas) inminente si no actual, caracterizada por ser la receptora de los primeros efectos de la Singularidad Tecnológica. El discurso y las tácticas ya estaban precocinadas, y encajan fetén con el contexto global.

Por estos motivos y más que no caben de momento aquí, merece la pena ser mínimamente conscientes de esta situación para hacer las preguntas adecuadas.

Como espacio de reflexión académica, más avanzada, comparto uno de los últimos Soy Cámara. Las Humanidades ante la Cuarta Revolución Industrial (tiene subtítulos en castellano, aunque en ocasiones se ven un poco mal, en cualquier caso, puedes dejar tus dudas en los comentarios), también de 2017

 

 

Bibliografía

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