Nuevos conceptos y estudios para la era planetaria en la que vivimos: Holoceno, Antropoceno, Capitaloceno, Chthulhuceno

Índice - ¿De qué se habla aquí?

Tiempo de lectura: 26 minutos

Aviso y advertencia: este texto es largo, y tiene fragmentos más divulgativos, y otros fragmentos que son más profundos. Los fragmentos de mayor profundidad son subsecciones y quedarán advertidos. Excepto la explicación sobre Chthulhuceno, que es necesariamente intensa.

El objetivo de este artículo es dejar en repositorio unas explicaciones de unos conceptos clave contemporáneos que están apareciendo más y más en diferentes contextos asociados a la sostenibilidad y pueden generar dudas por su rareza.

Además, consideramos que son referencias clave para pensar sobre magnitudes de los riesgos y retos a los que nos estamos enfrentando, basados en evidencias y debates científicos de valor, por lo que en ocasiones, en contextos de gran complejidad o debates estancados sobre la urgencia de tomar unas decisiones vinculadas a sostenibilidad, podría aportar un giro

Este texto no es, pues, como los que hayas visto hasta ahora más orientados a una aplicación, es mucho más reflexivo.

¡Gracias por tu interés!

RESUMEN EJECUTIVO:

  • En teoría, según las grandes instituciones de la Geología y la convención científica, hasta hace dos décadas, decía que vivíamos en un momento de escala planetaria llamada Holoceno, que se inició hace 12,000 años aproximadamente (un período dentro del Cuaternario), pero esto cambió hace 2 décadas
  • Existen 3 conceptos categóricos para tratar de apuntar a la profundidad de nuestras actividades humanas que dejan huella en el planeta
  • La más popular de las 3 -en comparación- es el Antropoceno que se fundamenta en trazar evidencias geológicas, geoquímicas y bioquímicas de nuestras actividades en todo el planeta Tierra, y que han desembocado en la crisis planetaria. Los debates se sitúan en dónde comenzaría ese punto. Parte de la convención científica ronda en situarlo entre el siglo XIX y la década de los 1950, coincidiendo con las Revoluciones Industriales. Otra propuesta lo estiraría en torno al siglo XV. Y otra, en el inicio de las revoluciones agrícolas, hace más de 10,000 años
  • Otro concepto popular de aspecto similar es el Capitaloceno, una propuesta de renombrar el Antropoceno apuntando a una causa más concreta y específica de los estragos y crisis planetaria: el Capitalismo. Concepto no exento de polémica
  • Y otro concepto, no muy popular pero va escalando en ser conocido, es obra de la filósofa e historiadora de la ciencia Donna Haraway (“El manifiesto cyborg”, “Seguir con el problema: generar parentesco en el Chthulhuceno”). Se trata del Chthulhuceno. Su obra filosófica es muy compleja, pero el término se ha vinculado rápidamente a la figura del monstruo mítico Cthulhu del autor de terror H. P. Lovecraft, y hay confusiones. Es un concepto filosófico que en realidad apela a nuevas estrategias de calibre muy profundo para aprender a navegar en esta crisis planetaria
  • Una reflexión compartida desde la Filosofía de la Ciencia: los valores sobre los que recaen los marcos y la construcción de conocimiento importa luego en cómo percibimos la realidad y en cómo generamos nuestros juicios, y luego nuestras decisiones

 

EL TEXTO (muy largo)

El Antropoceno es un concepto que se está asociando a discursos un poco más profundos sobre la situación en la que nos encontramos.
 
Es un neologismo que no es trivial (no es un nombre inspirado en una intuición creativa sin fundamento ni rigor), sino que bien vale la pena explicar en qué consiste y qué nos aportan los debates que se están dando en la comunidad científica
 

Primero de todo, cestá compuesto por la palabra “Anthropos” (ἄνθρωπος), similar al concepto que hoy conocemos como humano en antiguo griego, y -ceno, que viene de -kainos (καινός) que significa nuevo o reciente.

Es una propuesta que está recibiendo bastante consenso científico -no sin falta de formalización- para referirse a un posible cambio de era de escala planetaria, en oposición a la época geológica en la que hasta ahora la ciencia nos situaba: el Holoceno

Las edades de la Tierra, y el Holoceno, donde creíamos vivir

Un momento geológico son grandes períodos de escalas temporales que pueden variar entre ellas bastante (algunas centenares de miles de años, algunas millones de años), y algunas son categorías superiores, otras subordinadas entre ellas.

Se identifican y diferencian entre sí por encontrar diferencias geológicas, geoquímicas, bioquímicas y otros indicadores objetivos en los estratos del suelo (el contexto físico más directo para estudiar el pasado lejano).

Algunos son eras (escala mayor), otros son períodos (escala subordinada a la era), y otros son épocas (subordinado al período)

En nuestra cultura popular, hay un par de períodos geológicos que son bien conocidas por sus nombres: el Jurásico (entre hace 201 millones de años hasta hace 145 millones de años aprox), seguido del Cretácico (entre hace 145 millones de años hasta hace 65 millones, aprox). Esos períodos donde convivieron los dinosaurios, sus antecesores, y otras tantas especies.

Se utilizan los estratos de tierra y roca para marcar las eras y los cambios del planeta porque en ella se marcan diferentes eventos profundos.

Los continentes tomando forma, el paso de meteoros y asteroides.

Formación a capas con depósitos de hierro. Fuente: Flickr, anónimo

La aparición de seres vivos que emiten una huella química distinta que acaba interactuando con lo inorgánico; por ejemplo, cuando aparecieron los primeros microorganismos liberando oxígeno dentro y fuera de los océanos, conocido como la Gran Oxidación, que sucedió a finales del gran período o Eón Arcaico, hace unos 2800 millones de años, y a la que le debemos habitar fuera de los océanos.

Oxígeno el cual, perdón por la simpleza, interactuaba con compuestos químicos de los minerales (aparición de hematitas etc)…

Volcán de lodo de Bala Mahar, Azerbaijan. Fuente: Wikimedia

Millones de animales y vegetales que, muriendo y acumulándose, luego sepultados durante millones de años por rocas, siendo sometidos a grandes presiones, se transmutaban en lo que hoy llamamos combustibles fósiles…

Grandes heladas en zonas que hoy en día sería impensable, con duración de siglos, cuyo hielo rompía las rocas de una manera muy determinada, durante años, tras años, tras años…

Por eso las capas de tierra y rocas nos pueden dar mucha información y evidenciar cuando hay cambios drásticos no solo en las piedras en sí, sino en la atmósfera, y en la vida.

Fauna de la Edad de Hielo (inicio del Cuaternario), del ilustrador Mauricio Antón, 2008. Fuente: Wikimedia

Es decir, el Antropoceno, como época, todavía pertenecería al período Cuaternario (que comenzó hace aproximadamente 2 millones de años), que coincide un cambio planetario complicado y comenzó con períodos largos de glaciaciones profundas -las cuales duraron hasta hace 20 mil-10 mil años.

  • Era: Cenozoico (hace 66-65 millones de años)
    • Anteriores Períodos (de -66 millones a -2 millones): Paleógeno, Neógeno
    • Período: Cuaternario (hace 2,6 millones de años hasta hoy)
      • Época: Pleistoceno (de cuando los grandes mamíferos, de 2,6 millones de años hasta hace 12000 años )
      • Época: Holoceno (hace 12 mil años hasta hoy, en disputa, o hasta el siglo XIX)
      • Época: Antropoceno (en disputa el marcado de su inicio, consenso más popular: siglo XIX)
Venus Neolítica o figura presuntamente usada para rituales religiosos, tallada en piedra. Çatal Huyuk, 8000 aC. Fuente: Jason Quinlan

Al poco tiempo de estabilizarse los nuevos climas y ciclos de hielo (hace 14,000-10,000 años), es cuando comenzó a aparecer las primeras ciudades humanas (Çatal-Huyuk y otros Huyuk), y las primeras prácticas agrícolas en la media luna mediterránea (Próximo Oriente, Turquía-Grecia actuales,), y en Papúa-Nueva Guinea, en torno al 8000 aC.

Lo que se suele llamar ‘Neolítico’ (no entraré en puntualizaciones históricas más agudas, lo prometo).

Hasta hace pocos años, la convención científica interdisciplinar (Geología, Biología, y afines que tienen datos y reflexiones a añadir) indicaban que vivíamos en una época geológica, llamada Holoceno, que comenzó hace unos 12-11 mil años atrás

Pero la comunidad científica debatió hace pocos años si habíamos entrado en otra época…

El Antropoceno como convención científica

El Antropoceno es el término que se le está dando a la época actual, geológica, y desde un punto de vista analítico y antropológico, que estamos viviendo.

Opera desde la idea de que se puede evidenciar una huella profunda y palpable en la Tierra debido a la actividad humana.

Y que el consenso, de momento, más popular entre los científicos, es situar su inicio entre el siglo XIX y 1950, atribuido al impacto de la industrialización (sin importar bajo qué ideología económica operaba).

Lo que se viene a decir con el concepto Antropoceno es que la actividad humana, sobre todo desde la Modernidad económica y las primeras Revoluciones Industriales, han marcado un cambio profundo en el planeta.

Tanto, que hasta existirán evidencias durante períodos y eones.

La acumulación y combinación de componentes químicos complejos, por ejemplo de pesticidas, con la tierra.

Partículas esferoides carbónicas que año tras año se van depositando resultado de la combustión del carbón y los derivados del petróleo de nuestros motores.

Plásticos no degradables acumulándose desde su uso comercial entre capas y capas de tierra.

Almacenes y vertidos de productos altamente radiactivos fruto de desastres o de una mala gestión de esos residuos.

La destrucción de montañas y grandes zonas para la explotación minera.

Aunque no es algo novedoso la explotación minera, se hace desde el Neolítico, y los romanos sin ir muy lejos transformaron lo que hoy se conocen como las Médulas de León.

Esquema de cómo los romanos procedían con la técnica ‘Ruina Montium’ desviando con acueductos y canales el cabal de un río aprovechando pendientes, perforando la montaña y arrastrando las vetas de oro usando la fuerza del agua. Autor: desconocido. Aprende de esta técnica romana más aquí

La dinamita, la perforación a grandes profundidades y otras prácticas más explosivas solo se ven desde hace menos de dos siglos gracias a las posibilidades tecnológicas

Así pues, la importancia tanto científica como las consecuencias que tienen este concepto en el pensamiento colectivo, es cabal.

Si se reconoce, como está sucediendo estos últimos años, con evidencias inequívocas y difíciles de contra-argumentar, que la actividad humana de los últimos siglos es tan transformativa que puede tener consecuencias irremediables para la posteridad.

Una posteridad mayor que la propia existencia de nuestra civilización. Y por tanto, la discusión ética es menos evitable.

 

Explicación más técnica y debates significativos

Explicación menos divulgativa, si no te apetece y quieres saber más de los otros conceptos, puedes saltarte esta parte. Si te interesa entender mejor de qué va, puedes seguir!

Este concepto, como hipótesis, fue propuesto originalmente entre distintos pequeños grupos de científicos entre los años 70 y 80, y fue popularizándose en círculos universitarios hace dos décadas.

Otras propuestas que habían aparecido en diferentes épocas (incluso en el siglo XIX al advertir el cambio profundo en diferentes elementos terrestres) han sido Antropozoico, y Homogenoceno.

Lo significativo aquí es el bullicio de reflexiones y debates que en las propias comunidades científicas se ha dado.

El Antropoceno se está considerando como una nueva época terrestre con fundamento y evidencias científicas. Pero todavía no es oficial, aunque todo apunta a que en pocos años podría formalizarse como una época ‘oficial’.

Para que las épocas, períodos y eras geológicas sean oficiales, en el fondo, una convención revisada y aceptada por una gran comunidad científica, se necesita que sea veraz y basado en evidencias inequívocas, lo cual no es sencillo porque no va solo de mirar rocas la cosa.

La institución encargada de regular esto, es la International Chronostratigraphic Chart (ICC), que ya están trabajando para formalizar el concepto, instigado por otra entidad de científicos , el Anthropocene Working Group (AWG) que es un grupo dentro el International Comission of Stratigraphy, y en la que han participado hasta premios Nobel como Paul Crutzen (quien colaboró en dar a conocer el concepto)

Aunque parece que parte del consenso actual yace en situar el inicio entre el siglo XIX y el siglo XX, algunos biólogos, geográfos y comunidades transdisciplinares (con un buen punch de ciencias sociales) están advirtiendo la posibilidad de si las evidencias de impacto profundo geológico y terrestre algo más atrás, en torno al siglo XV y al siglo XVI.

Una de las motivaciones es que se ven evidencias de un proceso de pérdida de biodiversidad y cambios drásticos en ecosistemas sobre todo a partir del siglo XV.

Otra de las motivaciones es porque, por ejemplo, la hecatombe demográfica que sucedió a lo largo de finales del XV y del XVI, con la llegada de los colonos europeos y sus prácticas colonizadoras, con enfermedades absolutamente aisladas durante miles de años entre Eurasia y el continente americano.

Diezmaron poblaciones indígenas americanas   principalmente (sin poderse hacer estimaciones precisas pues no hay censos ni documentos que ayuden a arrojar más concreción, pero se estima que pudieron llegar a ser cientos de miles, si no millones), junto a formas de violencia más directas y evidentes.

Y eso contrajo la desaparición de zonas de cultivo, el retorno e invasión de ecosistemas salvajes en zonas pobladas, y una remoción ecológica más profunda por el papel ecológico al que contribuían los campesinos.

Luego también llegaron prácticas mineras y de explotación económica más profundas e intensivas con mano de obra esclava de gran escala (desde las minas de Potosí hasta la transformación del paisaje en forma de cultivos extensos, p.e. de algodón o de azúcar).

Y para que no quede en el tintero, hay quiénes también están favoreciendo revisar de nuevo los criterios con los que se define el propio Holoceno.

Porque por los mismos actuales (por ejemplo, también se puede incluir el polen de especies domesticadas como el trigo o el maíz fosilizado en estratos antiguos, mostrando cambios ecológicos y geológicos mucho antes) entonces se podría situar el inicio del Antropoceno entre el 12,000 a.C. y el 8,000 a.C., justo cuando se dieron las primeras revoluciones agrícolas en el planeta.

Por tanto, también revisar cuál es el fundamento del propio Antropoceno, además del Holoceno, si de evaluar y evidenciar la capacidad de intervención de múltiples seres humanos en diferentes culturas y economías (algunas afectando ecológicamente más, otras siendo más sostenibles, pero ocupan una posición o nicho social y ecológico).

Pero esto, como se solapa con el inicio del Holoceno, significaría entonces ‘sustituir’ el Holoceno por el Antropoceno, no solo en nombre, sino en criterios.

¿Hasta dónde se marcan las huellas de la acción humana de manera tan profunda que queda marcado para los posteriores eones de la historia de manera imborrable?

Lo que sí es cierto es que absolutamente objetivo el cúmulo de múltiples evidencias de que el ser humano ha generado unos impactos imborrables. En ocasiones no negativos necesariamente (según nuestra perspectiva actual) pero sí evidentes.

El trabajo y los debates en esta dirección son necesarios y nos dan mejor idea del tamaño de nuestra agencia o capacidad de intervenir en el planeta, y en ello están diferentes comunidades científicas.

El Capitaloceno, ¿llamar las cosas por su nombre?

 

Como ya se ha comentado, el Antropoceno es un debate y una convención científica (aunque está en proceso todavía de formalización, revisión y consenso casi total) sobre los profundos cambios y transformaciones de escala planetaria que estamos viviendo, y en las que se puede evaluar que hay un cambio o un giro con respecto a un momento anterior. Una diferencia, un contraste objetivo.

Si miramos las fechas en las que se propone situar el inicio del Antropoceno, en cuyo nombre aparece el término “Antropo” (humano, persona), una pregunta frecuente es ¿por qué el siglo XIX o los años 1950 y no épocas anteriores dónde ya habían humanos que también alteraban el entorno?

Algunos críticos y analistas, más de los Estudios Culturales y Políticos, han apuntado a que es una manera eufemística de no llamar al causante real de este cambio planetario por su nombre: capitalismo.

Por diferenciar que en otras sociedades y momentos históricos no se había introducido un cambio y un impacto planetario tan profundo. Es a partir de las Revoluciones Industriales donde se evidencia, de manera objetiva, un auge exponencial de las emisiones de CO2, y otros gases de efecto invernadero.

Estas emisiones se saben por un análisis de diferentes materiales geológicos (composiciones químicas de las rocas) y criogénicos (traducido: glaciares profundos, pues el hielo de los casquetes y los glaciares captura partículas y gases de la atmósfera mientras se congela y se deposita, capa a capa, año tras año, lo cual permite analizar la historia de la atmosfera)

Por ello, no es nada justo incluir a toda la humanidad como causante, o la humanidad como un bloque, pues han existido otras sociedades con prácticas más sostenibles. Una reflexión interesante y apropiada, si cabe.

Sino atribuir que la causa de estas transformaciones y cicatrices tienen una relación íntima con unas maneras de producir muy específicas, con una manera muy concreta de entender la naturaleza como un montón de bienes para nuestra disposición, y una ignorancia de las relaciones ecológicas delicadas entre nosotros.

 

Algunos problemas analíticos (en más profundidad)

De nuevo, este concepto conlleva importantes problemas y debates.

Si volvemos a la sub-sección donde exponía por encima algunos de los problemas y debates con respecto al Antropoceno, que tiene que ver con dónde se marca el inicio, dónde se observa un impacto, parte de los debates están apuntando a una datación más variada.

A recordar:

  • La más popular, entre el siglo XIX y los años 50 del XX

  • Hacia los siglos XV-XVI (las razones están explicadas y apuntada parte de la bibliografía más arriba)

  • Hacia el inicio de la Revolución Agrícola, hace 12,000 años aproximadamente

Por otro lado, el momento de inicio del propio Capitalismo tampoco es claro, preciso y prístino.

La convención impuesta desde la Economía clásica y neoclásica lo sitúa con la aparición de la propia disciplina moderna de la Economía, la Ilustración (siglo XVIII) y de manera más consolidada a finales del s XVIII con la emergencia de la Revolución Industrial, la aparición de la empresa moderna, la consolidación de la globalización y los mercados de valores, entre otros.

Pero es que es un problema clásico de Historia: las nuevas etapas, las nuevas corrientes y las revoluciones nunca tienen un momento de inicio hiper-concreto (del plan “el mundo comenzó un día 6 de febrero en el año -8 millones aC”), sino que son procesos que ocurren en base a la disposición de otros procesos, de estructuras, de recursos (sin hilar más).

Es aquello de William Gibson “El futuro ya está aquí solo que no uniformemente distribuido” también aplicable a esto

“La revolución ya está aquí solo que no uniformemente distribuida” (esto ya es mi parafraseo malo)

Uno de los trabajos más agudos que existen sobre el rastreo de las relaciones económicas y sociales que caracterizan lo que llamamos Capitalismo es el trabajo del historiador Fernand Braudel.

En su momento fue un trabajo descalificado o subestimado tanto por historiadores, como sobre todo por economistas.

Pero poco a poco ha recuperado más apreciación porque su trabajo, muy documentado y analítico (y no muy marxista contra lo que se pudiera pensar) descubre que es a partir de las ciudades y puertos europeos de los siglos XII-XV donde aparecen prácticas, transacciones económicas y relaciones sociales nada diferentes de las que se consolidan algo más en los siglos XVIII y XIX.

Por otro lado, existe otro problema de atribuir al Capitalismo, en exclusiva, un desgaste y una transformación de los entornos marinos, atmosféricos y geológicos del planeta.

Por ejemplo, habría que evaluarse el impacto geológico, biológico y atmosférico también de la industria soviética y de bloques no capitalistas, que fueron también intensivos. No en un juego sin salida ideológico “y tú más” sino para evaluar realmente el rigor y peso analítico del concepto ‘Capitaloceno’.

Es decir, aquellas prácticas que han procedido a un agotamiento de los recursos y límites planetarios, aunque estén alineadas y producidas por una sociedad y una economía específica que lo soporta, tiene que ver más con la Industrialización y un crecimiento fundamentado en la idea de la naturaleza ilimitada, en lugar de un modelo económico capaz de auto-sostenterse conociendo (si es que fuera posible) los recursos a disposición y la capacidad de regeneración. Y eso es algo atribuible a la Modernidad, no al capitalismo en exclusiva.

Finalmente, una crítica tanto al Capitaloceno como al Antropoceno es que son nomenclaturas y conceptos en las que se sitúa al ser humano como culpable a redimir y como mesías por venir a salvar el propio planeta. Es profundamente antropocéntrico.

Un concepto que filosóficamente y como pensamiento a popularizar puede confabularse o puede reforzar más todavía la idea de que ya estamos perdidos, no hay futuro, y/o que el planeta debe salvarse con nuestras manos a golpe de tecnología (geoingeniería o ‘terraformación’) sin tener en cuenta de nuevo el problema de las relaciones ecosistémicas de las que no podemos escapar ni limpiarnos las manos como si no existieran.

A pesar de que las evidencias objetivas indiquen que estos cambios abruptos son en gran parte de origen humano, la crítica (cuando está analíticamente bien construida), apunta a que no es el humano el único actor que ha participado en estos cambios.

No es el centro, dado que hay cosas que pasan por nuestro control y otras que no, como son las variaciones climatológicas que ocurrieron desde ese 12,000-10,000 aC: épocas de microglaciaciones (como las que ocurrió en el siglo XIV o en el XVII y se conectó con hambrunas humanas) y de mayor calentamiento no antropogénico (p.e. s XIII). O de epidemias y pandemias como las pestes o la viruela.

Del mismo modo que en otros períodos y eras geológicas otros seres vivos tuvieron un papel (no moral ni responsable, sino físico) en cambiar aspectos del planeta: liberar oxígeno a la atmósfera, superpoblación de vegetales que saturaron a niveles más altos de oxígeno otras épocas, mayores poblaciones de megafauna vs microfauna…

No es una crítica pues a que el ser humano no tiene ninguna culpa, sino una llamada de atención a que es seguir en los mismos paradigmas culturales que han contribuido (pero no todo es cultural, ojo) a traernos hasta aquí, para diagnosticar el momento presente y de dónde venimos.

Una de las filósofas de la ciencia que más ha llamado la atención a este problema epistémico de la ciencia, y por extensión, con un impacto potencial en la cultura popular del futuro, es Donna Haraway

Chthulhuceno, o la importancia de que para diagnosticar bien es necesario revisar los fundamentos más profundos desde los que partimos

Chthulhuceno (sí, así, bien de haches), es un concepto que en entornos más académicos ha comenzado a escucharse, acoplado a los dos anteriores. Es el más desconocido pero que desde su aparición en la década pasada ha ido ganando adeptos y fans.

Para quien sepa de cultura popular de géneros fantásticos, detectará al inicio la palabra “Cthulhu” (con una hache menos), que es una criatura perteneciente al universo del escritor H. P. Lovecraft.

Es algo así como un ser dormido en el fondo del mar (pero no bajo una piña), del tamaño de Godzilla para entendernos, de forma desagradable y bastante inimaginable porque no es de este nuestro mundo (como imaginar lo que no podemos imaginar), aunque lo describe con alas de murciélago, una cabeza pulpesca con tentáculos, y un cuerpo bípedo

Un dios antiguo y olvidado, que de ser invocado o despertado cae la destrucción y el caos al mundo, y hace perder la cordura a los humanos.

Así que, aunque parece a priori un concepto curioso, friki y anecdótico, es mucho más profundo. Y es quizás el que más valor para el futuro puede aportarnos, pero no de cualquier manera.

Obra realizada con la IA de Google Deep Dream por Mike Tyka

Es una propuesta para aprender a asumir responsabilidades más complejas que tenemos en calidad moral, redimensionar la crítica situación en la que nos encontramos donde convivimos así mismo con otras especies no-humanas, con las cuáles tenemos relaciones de dependencia, y otras entre sí, creando complejos sistemas de sostenibilidad. No por nada la biodiversidad es crítica, no un capricho estético de ver animalitos y plantitas por todas partes.

De asumir que vamos a entrar en una época de incertidumbres por cómo se van a desenrollar los problemas causados por el sistema económico y productivo: adaptarnos y además aprender “a estar con la movida” o convivir con ello (no en clave de resignamiento). Y que para hacerlo con éxito, cambiar y debatir las estructuras de pensamiento son necesarias.

Un preámbulo necesario porque Haraway lo necesita

Esta palabra es una propuesta de la filósofa de la ciencia (esto es importante, trabaja en entender las asunciones y marcos más profundos con los que opera la ciencia para fundamentar teorías, o, por ejemplo, ponerle nombre a las cosas) y teórica feminista Donna Haraway, más conocida quizás por su ‘Manifiesto Cyborg’.

Una de las ilustraciones más icónicas para el Manifiesto Cyborg. Autora: desconocida

Para entender este concepto, el Chthulhuceno, en realidad sería necesario conocer bien el trabajo de esta pensadora, pues no es nada sencillo.

Parte de su objetivo es tratar de generar otras estructuras de pensamiento, desde muy profundo, que nos ayuden a relacionarnos y diagnosticar mejor la complejidad del mundo que observamos, y que además sea más justo con la diversidad humana… y no humana (su formación procede también de la Biología).

Y esto lo busca hacer a través del lenguaje, que es complejo pero de una manera muy única, y muy poética pero con una intencionalidad.

Por lo que antes de hacer una lectura de su trabajo literal (en lo que nos ocupa aquí, sería el libro “Seguir con el problema: generar parentesco en el Chthulhuceno”) usando nuestro bagaje cultural más tradicional, es de esos libros que antes deberías leerte algunas cosas más de ella, escucharla, reflexionar sobre lo que damos por sentado sobre cómo es el mundo, y abrirse y dejarse caer con confianza en sus brazos para así empaparse de qué realmente está ilustrando. Pero voy a intentar hacer aquí una traducción

 

Una posible lectura

Diverse human and nonhuman players are necessary in every fiber of the tissues of the urgently needed Chthulucene story. The chief actors are not restricted to the too-big players in the too-big stories of Capitalism and the Anthropos, both of which invite odd apocalyptic panics and even odder disengaged denunciations rather than attentive practices of thought, love, rage, and care.” Donna Haraway, staying with trouble: making kin in the Chthulhucene

Mientras hace una crítica a estos conceptos llamados “Antropoceno” y “Capitaloceno” como los que antes comentaba, propone una nueva orientación tanto de entender el papel del ser humano en el mundo sobre la cual luego reflexionar sobre estrategias.

Porque más que proponerles a la comunidad científica otro nombre, apunta a las bases sobre las cuáles tomamos las decisiones, que son los conocimientos y creencias con los cuáles entendemos que es el mundo.

Uno de los fundamentos más cruciales de su filosofía es que es de corte posthumanista.

No aplica a alabar la idea de que debemos convertirnos en cyborgs para adaptarnos como propone Musk o el transhumanismo, entre otros, sino a la idea de superar el convencimiento de que el ser humano es algo así como “la especie elegida”, maldita pero con una semilla de esperanza para salvar y llevar el relvo de la evolución en nombre de todo el planeta.

Es decir, entender que sí, obvio tenemos una capacidad transformativa del entorno única, pero seguimos sin ser el centro de nada, y asumir que somos un accidente evolutivo (no como algo negativo, sino sin más).

Para ello también navega en el trabajo de múltiples biólogos evolucionistas que han venido advirtiendo precisamente este punto, como Lynn Margulis (como curiosidad, uno de sus ex-maridos fue Carl Sagan, al cual influenció en su perspectiva para entender la vida)

Entender no un excepcionalismo humano sino incluir el papel y agencia de otros animales y entidades. Y luego nos invita a partir de ahí para regenerar el planeta.

¿Y por qué Chthulhu? Aunque explícitamente insiste en que no quiere referirse en el trabajo de Lovecraft por diferentes razones, sino que se inspira en una araña descubierta en los años 90 por el biólogo Gustavo Hormiga (Pimoa cthulhu) -es largo de explicar el razonamiento.

A la vez, el nombre científico fue puesto inspirado en el Cthulhu de Lovecraft, engendro del caos -no he acabado de encontrar las razones de Hormiga. Y a pesar de ello, sí que se ve unas relaciones sobre tentáculos como sensores y articulaciones para extender nuestras capacidades (de nuevo, sociales, no tecnológicas, no se refiere a cachivaches).

Finalmente, otro aspecto relevante es que no aporta el concepto “Chthulhuceno” como propuesta de nombre alternativo al Antropoceno.

Lo hace como vía para rededifinir una manera concreta de relacionarnos con el tiempo del que venimos (el “pasado”), dónde estamos (crisis planetaria) y lo que va deviniendo (“””futuro”””, con muchas comillas, de esto hablé en un tono excesivamente divulgativo en comparación a este texto en la masterclass “Introducción al futuro”)

Así pues, toda esta explicación para explicar su Chthulhuceno -y aun así quedarían más cosas por explicar- era necesaria, al menos en caso de que te interesara saber de qué va -y de qué no va

Puedes disfrutar de esta maravillosa conversación entre Donna Haraway y su traductora habitual y experta en su filosofía Helen Torres.

Ésta se realizó durante el 2020, así que también incluye reflexiones sobre el momento actual, y el papel del virus -no exento de puntos polémicos para reflexionar. ¡Tiene subtítulos en castellano!

El papel de nuestras expectativas y creencias en las estrategias de mitigación y adaptación. Unas conclusiones y reflexiones

Nos encontramos en un momento en el que, le llamemos como le llamemos, es necesario un diagnóstico.

Incluyendo de aquellos valores, creencias con los que construimos los juicios para valorar el mundo, lo que nos sucede, y hacia dónde creemos van a ir las cosas.

Pero no un diagnóstico de causas y efectos simples, sino un diagnóstico valiente, que implique evaluar también cómo enfrentamos esta situación.

Aunque escribir/leer, o comunicar, sobre estos diagnósticos configure una mirada fácilmente catastrófica, donde resuena tácitamente en ocasiones un “vamos a morir”, tiene una parte de necesario para entender mejor la realidad en la que estamos.

En lo práctico, venimos de unos marcos mentales en los que, combinados con la educación, nuestro ideal de las posibilidades que nos guardaban el mundo no correspondían necesariamente con las posibilidades para el medio y largo plazo -y en nuestro caso, literal.

¿Cuáles son esas imágenes, ya no de futuro, sino de posibilidad personal, que genera las expectativas en las personas que toman decisiones? No creo que sean tan diferentes a éstas.

Me gustaría exponer un ejercicio aplicando mi propia casuística personal.

En mi caso, nací en el 89. Me crié, como muchos ‘Millennial’ de medio planeta -o incluso algo más- con pelis y series en los que se enfatizaba la ascensión social, la vida lujosa y desenfrenada de los yuppies, una vida sin límites. Las expectativas se basaban en un mundo natural sin límites -aunque no uniformemente repartidos- y un crecimiento que prometía futuros de Realidad Virtual y videojuegos, coches voladores y cyborgs

No quiero apelar, como en algunos círculos está ocurriendo, que todo el peso de estos ejercicios debe recaer en la re-imaginación.

Porque no -pero sí como una de muchas herramientas y teniendo claro que la re-imaginación de escenarios deseables apunta a una necesidad más concreta, que es aclarar el hacia dónde, junto al cómo puede ser y cómo devenir junto a esos escenarios.

Las necesidades materiales y una re-estructuración de los modelos económicos, por activa o por mamporrazo, va a ocurrir. La pregunta es con qué modelos y, sobre todo, valores vamos a basar también la re-estructuración de los modelos económicos y nuestros modos de vida.

El papel que tienen estas creencias, sin embargo, es de calibre tanto de salud psicológica, como más epistemológica personal; de cómo creamos nuestro sistema de conocimiento y cómo actuamos en base a éste.

De cómo actúan los sesgos cognitivos ante indicios o evidencias de que ‘ei, el mundo tal vez es de esta otra manera’, y nos generan estas noticias ese feeling o sensación ‘vamos a morir’ ‘no hay futuro’ ‘alarma: información tóxica’ y nos genera un bloqueo.

O directamente, a golpe de sesgo de confirmación, ignoramos estas informaciones.

“Nos es más fácil imaginar que todo lo que nos está ocurriendo planetariamente es por unas conspiraciones secretas de la élite que por haber quebrantado unos límites planetarios”

-otro de mis versioneos malos, en este caso de una frase célebre de Jameson. Y ojo, no quiero implicar que no haya responsabilidades concretas, las hay e importantes, y con evidencias de ello como el caso reciente de ExxonMobil, pero… 2020 y 2021

Una de las propuestas que se ha vuelto más popular partiendo de los valores tradicionales para solucionar este desaguiso es la geoingeniería.

La tecnología va a llegar. Leyes internacionales para repartirse las nubes de lluvia (esto es algo con probabilidad). Maquinotes para filtrar el CO2, que no falten. Terraformar la Tierra para seguir creciendo. Minidrones polinizadores disrumpiendo el mercado de servicios de las abejas en extinción. Bacterias devoradoras de plástico. Nada puede salir mal (aunque las tecnologías siempre, siempre, van cargadas de valores en su diseño, que se lo digan a los algoritmos de reconocimiento facial, y tienen unos límites y unas externalidades al ser encajados en unos entornos complejos)

Mirar para otro lado a pesar de las evidencias que nos reclaman entender que no somos entidades independientes sino material y objetivamente dependientes de microorganismos y de otros organismos.

Todo hasta ahora por hacer realidad las creencias con las que crecimos: el planeta al completo control y servicio del ser humano. Valores. Valores.

Por ello, sirva esta parte del texto como radical invitación a reflexionar sobre los juicios y la visión que tenemos del mundo, una reflexión que ya no es un adorno o un capricho ideológico o moral, sino un paso necesario por el que pasar, o chapuzas are coming.

Una reflexión sobre las visiones en las cuáles tomamos decisiones tales como: analizar los presupuestos anuales y evaluar próximos pasos estratégicos, cómo entendemos los recursos del entorno, cómo entendemos a los recursos humanos o el talento, cómo dimensionamos los planes y políticas públicas…

Obvio, quizás pienses entonces que este ejercicio lleva mucho tiempo y no necesariamente genere resultados a corto plazo tales como “vender”, “pagar facturas”.

Vaya, como lo que tiene la innovación, pero con la condición de que es necesario cubrir alianzas, porque al fin y al cabo pertenecemos y dependemos y nos atraviesa esa economía y realidad que nos conmina a vender y pagar facturas.

Conlleva un riesgo, y no solo económico en el corto plazo, sino incluso personal, de cuestionarnos, abrirnos a la humildad y la vulnerabilidad.

Pero ahora que estamos redefiniendo nuevos modelos económicos como la Economía Circular, que conecta algo más y se inspira en la circularidad de los ecosistemas naturales, y es un momento crítico también para muchas vidas humanas, y los futuribles de nuestros hijos y generaciones venideras, quizás sea un buen momento para revisar la maquinaria, la carcasa o marco de trabajo y los pilares sobre los cuáles reposa.

Para que la nueva máquina funcione mejor y no sea en realidad una chapuza de partes viejas que volverá a reventar por obsolescencia frankensteniana.

Algunas posibles preguntas para meditar:

  • ¿de dónde viene esa forma de ver el mundo?

  • ¿Qué dicen esos autores que definieron esa forma de ver el mundo? ¿Cuáles y cómo son los argumentos? ¿En qué evidencias se basaron y cómo de hay fundamentan esos argumentos?

  • ¿Existen otras perspectivas? ¿Qué nos pueden decir el Antropoceno? ¿Y la perspectiva de Donna Haraway?

  • ¿Cómo sería tomar decisiones inspiradas en el reconocimiento que nuestras acciones tienen impactos, pero no todo está en nuestro control?

  • ¿Cómo podemos repensar las alianzas y las relaciones con el entorno?

Pues esto sería un poco lo que me gustaría compartir. Son píldoras de conocimiento que implica sí o sí entrar en mucha profundidad, pero quizás el momento actual también lo requiere.

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