Que la regulación (Política, legislación) afecta al desarrollo de la Tecnología o de los mercados (Economía), eso es un saber obvio y popular.
Paradójicamente, en ocasiones nos relacionamos con noticias o información sobre tendencias como si fueran procesos que siempre fueran a comportarse de la misma manera:
- Si emerge una nueva tecnología prometedora, se espera que seguirá emergiendo y luego creciendo en su adopción, exponencialmente
- O si se detecta unos nuevos comportamientos o intereses en la sociedad respecto al consumo, se espera que vaya a más
- O si hay crisis económica, entonces el miedo aterra como si todo se fuera al más puro pique, de manera progresiva en el tiempo
Hace décadas desligamos el concepto “tendencia” de una jerga muy técnica de la Física, las Matemáticas, o la Economía, con respecto al cambio de dirección o patrón que se visualizaba en un gráfico. Lo desligamos y lo situamos en nuestro lenguaje natural como sinónimo de proceso cambiante. O de emergente, de algo nuevo que estaba apareciendo y que podía ser una ventana de oportunidades.
Pero a la vez, parece que se ha quedado también la idea de que, si se detecta un cambio, siempre opera de manera lineal e imparable una vez sucedido. Como si fuera un evento aislado con inercia propia. Pero quien tiene ojo avizor sabe que la vida real no funciona así.
Las tendencias “abstractas” vs las “aterrizadas”
Este subtítulo es algo a medio camino entre la obviedad y el contraintuitivo arte de estudiar y gestionar el cambio.
Es contraintuitivo por múltiples razones. Siempre relacionadas con cómo choca la naturaleza de los cambios en el mundo, con los marcos de referencia y modelos con los que contamos para hacer una lectura rápida del entorno, de los datos. Y luego tomar alguna decisión, o razonar sobre ello.
Por ejemplo: algo que hemos visto que ocurre mucho, y es de hecho un modelo muy práctico hasta cierto extremo. En muchas ocasiones nos interesamos más por la información de temas “aterrizados”, que tienen que ver con nuestro día a día de manera más evidente, que no con “tendencias abstractas”. Esas ocasiones son cuando llevamos el gorrito de manager, CxO, profesional que necesita gestionar y trabajar con información social hasta cierto grado (UX, sostenibilidad, marketing, comunicación…).
Nos gustan las tendencias más “aterrizadas” por diferentes motivos:
- como que son más comprensibles, tienen sentido o encajan con nuestros marcos de referencia
- que pueden estar operando a nuestro alrededor, aunque no sea de manera distribuida. Son más inmediatas en tiempo, o en distancia que tenemos respecto a nuestros stakeholders. O vemos su aplicabilidad útil
- y más fáciles de “vender” o comunicar internamente
En cambio, las tendencias a las que apodamos rápidamente como “abstractas” no es que sean imaginarias, sino que se presentan como problemas complejos, en ocasiones, o, simplemente, no muestran una relación evidente con nuestra actividad, nuestros intereses o una fácil aplicabilidad. Por tanto son
- difíciles de interpretar y darles sentido
- no son fáciles de traducir en ideas aplicables -a veces, cuando son temas nuevos, tampoco hay muchos casos en los que inspirarse o ver en qué se traduce, ni se le dedica el necesario tiempo. Entonces hay quien prefiera esperar a que pase tiempo, que otros lo «traduzcan» en esos casos
- no solo son más difíciles de sintetizar -invirtiendo el mismo tiempo que se ha invertido para las «tendencias aterrizadas»- sino que pueden parecer inverosímiles a otras personas de nuestro equipo si no han participado en un proceso de investigación, análisis o co-creación
De esto, quizás un ejemplo que parezca más claro sea la emergencia climática. Antes de que se hablase tanto de la sostenibilidad, pongamos hace 10-15 años atrás.

En ese entonces, así por lo general la emergencia climática parecía, además de algo del futuro, algo que pertenecía la categoría o “caja” etiquetada como “Medio Ambiente”, no Economía, ni Sociedad. No tenía traducción, ni aplicabilidad. Ahora descubrimos colectivamente que es un proceso que requiere más de nosotras, y vamos entre justos de tiempo, y tarde. Otros ya lo han «traducido», o sea, ya hay muchos casos, y modelos de acción (p.e. en materia de economía circular o espiral), y los riesgos de no actuar o transformarse son mayores que los de no hacer nada.
¿Cómo sabemos qué es relevante, realmente?
La policris nos está enseñando que hay cosas que «botan, rebotan y en tu cara explotan». Que aquello que parecía menos significativo podía tener más importancia en menos tiempo del que esperábamos.
Hace un par de años, aproximadamente, para consultorías, clases en la universidad y algunas charlas preparé esta “chuleta” usando este lenguaje tan habitual de aterrizado vs abstracto o elevado. Invito a que sea una herramienta para generar debates

Lo que está próximo a una organización es inmediato. Inmediato en la experiencia y nuestros marcos de referencia, y modelos de trabajo. En la distancia física, en el número de conexiones con otros agentes, e inmediato en el tiempo. Lo que llamamos elevado o abstracto, en el sentido de transformaciones, es que no es inmediato. Básicamente es una dicotomía, pero invito a verlo, para introducirnos, como un gradiente.
No ha entrado en nuestros radares eso abstracto, por lo que está alejado de nuestras experiencias -aunque, a veces, lo inmediato puede pasar de largo del radar de algunos directivos y agentes de liderazgo, o de toma de decisiones, si no hay los mecanismos suficientes, y eso sería un asunto crítico.
Hablando de invitar a debates
- ¿Pueden ser otras grandes «tendencias» o procesos relevantes? ¿Hemos hablado con personas o agentes de nuestro entorno más inmediato y, en esas conversaciones, han salido tangencialmente algunos de estos temas?
- ¿Esas pequeñas tendencias de consumo, o tendencias tecnológicas a las que ahora les prestamos mucha importancia, tienen relación con algo que venía de hace más tiempo? ¿Qué pensamos, como equipo o personas que toman decisiones, al respecto?
- ¿Qué podemos comenzar a hacer para darnos más espacio para avanzarnos a ser los primeros en traducir? ¿Y para que no sean movimientos demasiado arriesgados (sandbox, prototipos, testeos…)?

En la segunda parte acabaré de extender una reflexión.
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