El análisis de Cadena de Valor, propuesto por expertos en teoría de negocios y economía como Michael Porter entre otros, se basa en entender por qué diferentes fases y procesos pasa la producción o creación y entrega de un producto o servicio. Desde la materia prima o la idea, hasta su distribución y aplicación.
Incluso a día de hoy, se trata también el análisis de lo que ocurre con el producto una vez ha finalizado su uso, y puede ser reabsorbido por el sistema económico o la empresa original (por ejemplo, en clave de Economía Circular), o la experiencia Post-venta en el caso de servicios e híbridos.
A diferencia del análisis de Ciclo de Vida, en este caso trata el concepto “Valor” como los beneficios y ventajas que aportan diferentes agentes en cada fase. Por ejemplo, durante la producción, se necesita la aportación de diferentes proveedores (aunque sea con una transacción monetaria) y el valor que aportan.
También se analiza el peso de tareas de soporte que, aunque aparentemente no formen parte de un proyecto de desarrollo o diseño del producto, pueden dar las áreas o personas administrativas, de marketing…
Este tipo de análisis se ha vuelto, con el paso de las décadas, como un pilar del análisis estratégico clásico (sobre todo de negocios). La idea es que analizando las diferentes fases con el producto “en construcción” en el centro de la evaluación, se pueden entender qué estrategias adoptar para optimizar algunos objetivos.
Pero con el paso del tiempo, esta herramienta se ha quedado coja y no ayuda a responder otros aspectos de la creación de valor. Especialmente queda obsoleto para plataformas, ecosistemas digitales, o incluso para servicios de origen público.

Mapear las redes de valor para tener una visión panorámica más estratégica y ágil
Existen diferentes enfoques, actualmente, que trascienden el paradigma de cadena para entender y evaluar los diferentes tipos de valor que se generan en torno a la producción de un producto, un servicio o incluso otras formas de entregar un algo.
El paradigma de cadena parte desde una perspectiva lineal y predecible, y de “todo se queda en casa”, cuando precisamente el valor no se crea de la nada, sino que, además de ser un aspecto susceptible de ser subjetivo (o al menos la percepción), depende de materias primas, de procesos hechos por otro.
La idea aquí no es capturar una maraña sin fin y absurda que intente responder a una pregunta estilo “qué fue antes, el huevo o la gallina”. El objetivo es tener una visión panorámica y mucho más ágil, acotada o limitada, que conciba la captura y creación de valor en su riqueza, y bajo el contexto especial que cada caso pueda tener, en esta era post-digital.

Consiste, por tanto, en capturar la red y ecosistema de agentes y colaboradores que participan (dando o recibiendo, o ambas cosas) en el proceso de crear, producir y distribuir un producto. Y, en la era que vivimos, de emergencia climática y otros límites planetarios, y de un despliegue de regulación acorde a algunos objetivos de sostenibilidad, también permite la inclusión adaptativa del post-venta. O incluso de la recuperación del producto y sus materiales.
Existen varias herramientas, prácticas y marcos metodológicos desde los que trabajar para ello.

Estas prácticas ofrecen una visión panorámica o “macro” más precisa a la par que ágil. Y que además se puede facilitar mediante talleres y sesiones de trabajo co-creativo.
Por ejemplo, algunas herramientas que se utilizan son mediante la creación de mapas visuales de agentes, de la cadena o red de suministros (aunque se reduzcan a partners tecno-digitales como hosting, protocolos, plataformas, SaaS…).
Los Mapas Wardley, que hemos usado ya en un par de proyectos, forman parte de este tipo de enfoques para evaluar tanto la red de valor, pero también diseñar estrategias operativas y operativas (o de políticas públicas, incluso).

Este tipo de enfoques permiten, a final de un proceso de unas semanas, visualizar posibles encajes para nuevos productos. Además, al presentar diferentes categorías de elementos (agentes, factores…) nos permite mejorar la comunicación y crear un lenguaje común dentro del equipo.
¿Te gustaría descubrir estos nuevos enfoques? ¡Contáctanos para una exploración sin compromiso!