Pensamiento no-lineal, pensamiento sistémico y marcos de trabajo para diseñar estrategias fetén

Índice - ¿De qué se habla aquí?

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Poco a poco se van a ir escuchando (más) una serie de conceptos que a según quién le pueden ser más o menos familiares: pensamiento holístico, pensamiento sistémico, pensamiento no-lineal, y otras formas de pensar.

Con la irrupción de esta pandemia, nuestras expectativas sobre cómo se suponía debía evolucionar el mundo se han desmoronado, por lo que marcos de trabajo hasta ahora más desconocidos tanto en ciencias como en la creatividad no visual está comenzando a ganar más interés también en España. ¿Qué son estos palabros y, lo más importante, por qué son relevantes?

 

Pensamiento no-lineal y procesos no-lineales

El pensamiento no-linear tiene muchas definiciones. En ocasiones se lo confunde con un marco de visión del mundo de continuo crecimiento, de que las cosas solo pueden evolucionar de maneras predecibles a mejor, y en tanto se incluya la posibilidad de una evolución “exponencial”, o a peor, entonces se dice que es no-linear. Pero eso no tiene ningún sentido, sigue siendo lineal. Causa-efecto, acción-reacción, primero una secuencia, luego la 2ª, y así luego la 3ª.

Nosotras no usamos ninguna definición procedente de marcos teóricos de la psicología, sobre todo que hayan sido invalidados, como ocurre con el trabajo del célebre De Bono.

Cosas como el pensamiento lateral o la supuesta división de las tareas cognitivas en dos grupos como la creatividad vs lo racional, asociados a cada hemisferio del cerebro, están muy descartadas y solo nos lían más, en vez de ayudarnos a ordenar y ser más ágiles

El pensamiento no-lineal y el lineal son en realidad varios tipos de procesos cognitivos y de estructuración de nuestros pensamientos. Lo que sí es cierto es que cada cultura puede llegar a reforzar algunos modos de pensar y racionalizar el mundo en detrimento de otros. Es lo que tienen los sistemas de visión del mundo.

En el ámbito de las ciencias sociales, y en algunas ciencias naturales, especialmente vinculadas al estudio de lo complejo (en la última década se habla de las Complexity sciences, donde adeás se contempla una orientación multi y transdisciplinar) se habla en cambio de procesos no-lineales, ya no procesos que suceden en nuestras cabezas, sino que se refieren a cómo funciona el mundo, o cómo funcionan varios elementos de nuestro entorno.

Luego podemos asociar diferentes formas de acercarnos a ellos para pensarlos de manera más efectiva, o intentar acercarnos lo mejor posible para tomar mejores decisiones

Un proceso lineal (que sí lo es), para entendernos, es aquel que se produce y evoluciona de una fase a otra de manera predictiva, con relaciones claras y evidentes de causa y efecto, de manera secuencial.

En el mundo real, la verdad es que existen pocos procesos que en realidad sean así. Y tienen pinta de ser causados por el ser humano en contextos muy cerrados y controlados.

Además, entre pocos elementos. Por ejemplo, algunos procesos y maneras de trabajar, proyectos sencillos con pocos elementos fuera de control… Suena un poco a utopía…

Ahora bien, bajo los modos de análisis y reflexión clásicos en nuestra cultura, por ejemplo, inspirados en la física mecánica de Newton, o a lo Descartes (incluso aunque en nuestra vida hayamos leído nada de ellos ni recordemos casi nada de lo que estudiamos sobre ellos en la secundaria) intentamos leer nuestro entorno o nuestras organizaciones desde esa mirada.

Y así lo ligamos también con una desesperada expectativa de que la simplicidad debe recaer en una simplificación de los factores por los cuáles las cosas suceden “le das mil vueltas”´, “le estás buscando 3 pies al gato”.

Una navaja de Ockham de plástico barato “la explicación más sencilla suele ser la más probable” convertida en herramienta multi-usos en vez de método heurístico para decidir ante mucha incertidumbre.

Intentar explicar la economía en una afortunada ley de oferta-demanda, en vez de una miríada de factores y relaciones complejas precisamente en una economía globalizada y tiempos de polarización social.

Simplificaciones que en realidad se basan en ocultar, y quitar de la información relevante lo que lo hace caber en el cajón de lo simple. La hermanastra de la Cenicienta deformando el pie para poder entrar en un frágil y pequeño zapato de cristal.

En cambio, un proceso no-lineal es aquel en el que contribuyen diferentes factores y elementos para que algo suceda. Los cuáles además tienen diferentes tipos de relación entre sí, no siempre causa-efecto o acción-reacción.

Un proceso no-lineal no sucede por reacciones de un único factor (línea) en el tiempo. Incluye cosas sin efectos. Reacciones a cosas que no son acciones. Múltiples orígenes y un único destino. Múltiples mutaciones de un único origen y que además suceden en paralelo.

Son los procesos que se dan en un ecosistema, en la economía de un país, los que se dan incluso en nuestra sociedad, o incluso en nuestras organizaciones.

Por ejemplo, los bucles de retroalimentación (feedback loops, amor por esa expresión española “la pescadilla que se muerde la cola”), es un tipo de relación dinámica entre diferentes elementos, que acaban formando un circuito más o menos cerrado, que va reforzándose a sí mismo en bastantes ocasiones, o acelerar un proceso. O incluso es recursivo.

Fuente: Wikimedia. The serpent Ouroboros, from Cyprianus, 18th C
Credit: Wellcome Library, London. Wellcome Images

La bolsa o el mercado de stock es un ejemplo lleno de feedback loops. Un fenómeno asociado son las profecías autocumplidas. Éstas se dan cuando alguien lanza una afirmación sobre una cosa, o en el caso de la bolsa, o incluso en la moda, se anuncia una predicción como verdad a ser cumplida.

Entonces, esto invoca una serie de conductas por parte de inversores, o en el caso de la moda, agentes como diseñadores y firmas de ropa, a actuar para “anticiparse” a una predicción que siquiera le hacía falta que fuera probable

Simplemente se anunció por parte de alguien con autoridad. Entonces, se acaba cumpliendo en una intensidad menor. Porque en el ámbito social una enunciación puede tener este tipo de influencias en el comportamiento.

Y luego crece, porque, con la confirmación de la “predicción”, más agentes o personas salen convencidas de que se está produciendo e invierten o compran o venden más acciones, o todavía intensifican más esa “tendencia” enunciada. Retroalimentación a tope.

En otras ocasiones, podríamos hablar de fenómenos multifactoriales, donde para que sucedan se explican también por un contexto o un entorno concreto.

Por ejemplo, la covid es multifactorial y multicausal, porque se han tenido que dar diferentes factores para que un virus saltase a un ser humano de un murciélago salvaje, y además tener unos sistemas sanitarios y unos modelos de gobierno muy concretos.

Multicausal es cuando además es la combinación de varios factores los que producen una nueva propiedad, o un efecto nuevo.

Suena a movida, a cacao mental, y es que estamos muy acostumbradas a una visión del mundo lineal “causa-efecto-causa-efecto” de uno o poquísimos factores.

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Pensamiento sistémico vs pensamiento holístico

El pensamiento holístico, de hólos en griego que refiere a “la totalidad”, es la idea de pensar y mirar el mundo en panorámica, mirando todo el conjunto.

Ahora bien, no todo está conectado de la misma manera con todo, aunque suene obviedad. Y el concepto holístico en cierto modo ha quedado vinculado a ciertas esferas pseudocientíficas.

El pensamiento sistémico, que suena más moderno en inglés como “Systems Thinking”, es la forma sencilla de apuntar a varios marcos que trabajan, analizan o estudian sistemas.

Aunque en el mundo de la ingeniería tienen dominio de este tema, en la última mitad de siglo el análisis de problemas complejos con una lente de sistemas ha tenido un papel también en las ciencias naturales, como la biología o incluso la medicina, y en las ciencias sociales (Latour, Winner, Braudel a su manera, muchísimas más).

Estos marcos de análisis entienden que muchas cosas forman parte de “cosas” más grandes. Y si cuesta explicarlo en sencillo, con pocas o muchas palabras, es que la gran mayoría de sistemas y relaciones son invisibles. Si entramos en un bosque no vemos en un pispás el ecosistema del que forma parte.

Todas las personas formamos parte de sistemas. Y es que un sistema se define por aquella entidad formada de varios elementos y agentes (como pueden ser las personas) ligadas por varios tipos de relaciones (a saber, no solo emocionales, económicas o en las redes sociales, sino como de dependencias, interdependencias, esos bucles y mucho más) que existen aunque nosotros no las veamos.

Y cuidado, no son relaciones cognitivas o creativas. No son lo mismo que etiquetas.

Que un árbol depende de un conjunto de hongos para poder procesar ciertos nutrientes del suelo donde está no es una asociación psicológica de nuestra mente o creada por nuestra cultura. Es algo que existe, es una relación real aunque a ojo desnudo no veamos lo que sucede en sus raíces.

O que necesitamos trabajar en una organización la que sea para pagar facturas es otro tipo de relación de sistema, no imaginaria y caprichosa de un “brainstorming”.

En muchas ocasiones, necesitamos entender el entorno y el contexto, aka en qué sistemas está una cosa, para entender mejor porqué un fenómeno sucede, o hacia dónde evolucionan las cosas

 

Cómo nos sirven estos marcos para analizar y tomar decisiones

A botepronto puede sonar que es abrir un melón bien majo tener que analizar cualquier cosa desde esta mirada de sistemas y procesos no-lineales, en vez de con una mirada tradicional. Es un debate necesario, pero no ha de tener un porqué ser más complicado.

Al inicio indicaba esto, que este tipo de orientaciones están comenzando a tener algo más de consideración. Y es que en cuanto la realidad se muestra de una forma distinta, los marcos y paradigmas viejos suelen no servir.

Que un análisis o explicación a la clásica y lineal, lleno de gráficos y datos seleccionados bajo criterios que estarán condicionados precisamente por esa visión del mundo, nos deje más tranquilas, no significara que capture mejor la complejidad del mundo.

Y aquí está uno de los grandes factores por los cuáles estos marcos comienzan a ser “sexys”: decir que el mundo es complejo es algo ya habitual. Reconocemos en el mundo un entorno lleno de incertidumbres, fuera de lo que era común, y comenzamos a ver más visibles relaciones que antes, con las gafas de lo lineal y el señor “sentido común” no veíamos.

La buena noticia es que, sobre todo fuera de España, se lleva estudiando cómo gestionar entornos complejos que además incluyan varios tipos de dinámicas, inercias y relaciones intrincadas, y mucha incertidumbre, con además las prisas y la urgencia (aunque en cuanto a las prisas, siempre se necesita un mínimo de tiempo para hacer bien las cosas).

Déjate de VUCAs que se quedan en la superficie y definen lo casi obvio. Hablamos de gestión de la incertidumbre, de marcos como los tiempos posnormales, Cynefin y mucho más.

 

La estrategia, los sistemas y la no-linealidad del mundo

Si trabajas en algo relacionado con estrategia, quizás algunas de las cosas aquí explicadas no te sonaban tan nuevas, ni tan extrañas.

Y es que la estrategia necesita entender varios factores para tomar decisiones.

Necesita entender también cómo funcionan varios elementos de una organización, como sus departamentos, las personas, su cultura, los procesos y flujos de producción, y el modelo de negocio, para visualizar también un conjunto de principios que sean coherentes y tomen en cuenta lo mejor y lo más flojo para moldear un nuevo camino de progreso.

La estrategia siempre necesita un mínimo de “pensamiento” no-lineal y de análisis de sistemas:

  • que tenga en cuenta que de una decisión y acción pueden salir varias consecuencias, o se puede apuntar / “atacar” a varios problemas
  • que hay que tener varios factores y condiciones en cuenta al valorar la situación en la que se encuentra uno (una organización, por ejemplo, una ciudad, un país…)
  • que la estrategia sirve además como hipótesis y modelo heurístico, que puede tener en cuenta que a medida que pase el tiempo pueden cambiar de posición algunos actores o algunas condiciones

Las personas que se dedican a ello siempre tienen un toque de ciencias sociales (incluyendo la economía), de ciencias naturales o incluso de filosofía (como el marco meta-científico para reflexionar sobre lo complicado y lo complejo y la incertidumbre).

El punto no es ponernos en un melón de eternas horas investigando como si fuéramos conspiranoicos, con muros llenos de fotos, retales de diario, chinchetas e hilo rojo conectando cosas. Siempre hay que ponerle límites.

La cuestión es naturalizar que el mundo se mueve más allá de dinámicas acción-reacción. Y es complejo. Y la incertidumbre no siempre es sinónimo de riesgo, simplemente, de lo que no conocemos. Que es mucho. Necesitamos nuevas relaciones con lo incierto (no confundir con la estabilidad y el malestar!)

Que somos personas individuales que a la vez formamos parte de sociedades, de familias, de organizaciones, de grupos de amigos que pueden actuar como auténticos sistemas.

Que nuestras decisiones tienen repercusiones de varios tipos e intensidades en nuestro entorno.

Por eso el pensamiento sistémico también es muy relevante para analizar y tomar decisiones que tomen en cuenta que nuestras futuras acciones pueden tener no una, sino varias consecuencias (incluso estallarnos en la cara), influenciar otras áreas de nuestro entorno…

Por ello tiene más sentido que antaño estas modalidades y marcos de trabajo.

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