La importancia de las teorías sobre el cambio para proyectar futuros con resultados

Tiempo de lectura: 16 minutos

 

 

“Dator’s Second Law of the Futures proudly proclaims that any useful idea about the futures should appear to be ridiculous. But it is also the case that not every ridiculous idea turns out to be useful, or somehow “correct.” Many more end up being permanently ridiculous.” Jim Dator (2009) en “The Zone Theory and Futures Studies: Two Ridiculous Ideas?” en Journal of Futures Studies; Vol. 14 no. 2, p. 136

 

Proyectar futuros, o como preferimos plantearlo, analizar y reflexionar sobre la dinamicidad del presente, se está volviendo más relevante que en años anteriores. No es solo que vivimos en una “Policrisis” sin más. Los entornos en los que articulamos nuestras actividades tienden a ser menos predecibles, y ya no solo por disrupciones tecnológicas.

Una orientación -que no una metodología, pues son varias- a la que se le está prestando más atención en estos últimos años son los Estudios de Futuros, bajo diferentes nombres e inclinaciones: “Diseño de futuros”, Strategic Foresight, Diseño Especulativo, Prospectiva…

Una orientación que va en sentido contrario a la inercia cultural de centrarse exclusivamente en el presente y el corto plazo, e invita a resituar el pensamiento de largo plazo en las conversaciones estratégicas. El pensamiento de largo plazo es el de los cambios que necesitan no solo tiempo, sino un diseño de acciones y estrategias concienzudo; en ocasiones innovador o fuera de lo que concebíamos como tácticas obvias y funcionales.

Pensar en el largo plazo o lo futurible, por ejemplo, a 3 o 5 años vista (si no más), puede implicar tener que aprender también a “despensar” lo que concebíamos como futuro seguro y”oficial”, y abrir nuestras perspectivas a diferentes escenarios. Nos invita a reaprender sobre las tendencias que pensábamos que su evolución era obvia y directa (por ejemplo, siempre en crecimiento). Y también nos invita a conectar con el pensamiento sistémico.

Probablemente, los ejercicios más golosos y populares que ofrecen los Estudios de Futuros sean la detección de “señales de cambio (débiles)” y los “escenarios”, junto a las simulaciones y los objetos diegéticos o prototipos del futuro.

Estimulan la creatividad, pueden ayudar a abrir nuevas perspectivas y preguntas y detectar ángulos muertos estratégicos. Pero detectar señales de cambio, innovaciones fascinantes y crear escenarios es solo una pata, esto, de lo que se puede trabajar con un enfoque prospectivo.

Como lo es, otra pata, el trabajar con el estudio de procesos y grandes tendencias sociales, económicas y tecnológicas; el evaluar escenarios emergentes que no necesariamente son tan imaginativos (o, dicho de otra manera, no son “refrescantes”) pero sí hablan de cuestiones que necesitan ser tratadas. Y que estén basadas en datos.

Jim Dator, un prospectivista y profesor de referentes en la disciplina desde la Universidad de Hawaii (ya emérito, e historiador también), propuso un conjunto de principios o “leyes” para introducirse en Estudios de Futuros. Entre ellos, su segunda ley “Cualquier idea sobre lo futurible útil tiende a parecer ridícula”. Pero como aclaró años más tarde, en 2009, por ser a secas esperpéntica u original una idea de futuro no significa que vaya a ser una idea útil.

Imaginar por imaginar puede llevar a senderos, tal vez, interesantes, o muy creativos, si se sabe conducir bien. Pero en teoría, los Estudios de Futuros emergieron para dar sentido sobre las condiciones y direcciones de los cambios en curso, para ayudar a tomar mejores decisiones, además de inspirar.

 

En pocas palabras, TL;DR

El cómo creemos que el mundo cambia, que las innovaciones impactan, o que el consumo o tema de nuestro interés se supone que evolucionará, puede dar lugar a diferentes tipos de escenarios de futuros y consideraciones estratégicas.

Algunas formas de pensar el cambio pueden estar conectadas con conocimiento sobre las complejas mecánicas de cambio social. Otras formas, quizás, pueden ser más bien perspectivas antiguas. Otras, basadas significativamente en nuestras experiencias vitales, en nuestros sentidos.

Tomar decisiones sobre esos escenarios puede tener diferentes consecuencias o dar lugar a mejores resultados. O, en la contra resultados que, aunque parezcan creativos y “realistas” de manera superficial, estén desconectados de la realidad.

Lo que buscamos es inspiración bien conectada tanto con señales (lo micro y concreto) pero también con un entendimiento de cómo cambian las cosas (la escala macro), que ayude a dar sentido a las transformaciones venideras.

Un caso hipotético para sintetizar reflexión: formas parte de un equipo de I+D y desarrollo de producto

Imágenes extraídas del vídeo de presentación de Humane AI Pin
  • Si partimos de que toda innovación tecnológica creemos que sí o sí ha llegado para quedarse y para transformar la sociedad, como podrían ser los pines interactivos que funcionan con IAs, como Humane o Rabbit, ¿cómo serán los escenarios que plantearemos? ¿En qué apostaremos para desarrollar nuevos productos?
  • ¿Y si, en cambio, asumimos que hay muchos factores sociales, regulatorios y económicos que marcarán si una innovación tecnológica como la de Humane o Rabbit, acabarán siendo adoptados o pasarán a la historia de fracasos tecnológicos? ¿Cómo serán los escenarios que partan de contemplar diferentes factores y tendencuas como fuerzas de transformación, incluyendo estos dispositivos? ¿En qué apostaremos para desarrollar nuevos productos?
  • ¿Qué decisiones surgirían a partir de cada ruta de análisis y reflexión anterior?

 

  • Respuesta simplificada, asumiendo que en ambos casos se hubiera usado las mismas tendencias e información:

 

    • En el primer caso, todos los escenarios tendrán sí o sí dispositivos con IAs y nuevos tipos de interfaz. A partir de la premisa “toda innovación tecnológica llega para quedarse y transformar otras cosas”, tendremos escenarios diversificados solo a partir de las dudas que nos generen los posibles impactos positivos o negativos, algunos más “Black Mirrorianos”, algunos más esperanzadores pero muy centrados en IAs. Y las conclusiones, más allá de reforzar nuestro punto de partida (“toda innovación tecnológica ha llegado para quedarse y transformar la sociedad”), nos orientarán a apostar muchas cosas en torno a la asunción de que los pines son “El Futuro”

 

    • Con el segundo caso, tendremos escenarios en los que no estarán estas innovaciones como “nueva normalidad”, y alguno que otro sí pero serán un tema secundario. Y quizás incluso se haya revelado algún aspecto social, ecológico, económico o político como relevante. Habrá aparentemente más variación entre escenarios pero se evaluaría el peso de otros tipos de cambio. En esta situación, el punto de partida a partir de estas innovaciones abre una oportunidad de repensar otros cambios que parecían obvios o simples y, de repente, eran menos obvios e importantes de lo que parecían. La conclusión nos invitará a tomar en consideración otro tipo de innovaciones técnicas o incluso sociales por las que investigar, por ejemplo, nuevos espacios de (des)conexión, o dispositivos donde la eficiencia energética prime…

 

En este artículo resumimos 8 grandes marcos teóricos y corrientes que tratan de describir cómo se transforma el mundo social, económico y tecnológico más populares.

Si quieres saber más, puedes seguir leyendo -es larguito.

 

Reconectar con las teorías sobre el cambio

Cuando imaginamos un futuro posible, aunque no seamos conscientes, aplicamos las expectativas de que ciertas dinámicas que definen el mundo se cumplan.

Por ejemplo, si creyéramos en que el mundo tiene un destino concreto, inescapable y pre-definido de antemano (por una “mano invisible” o por una “forma super inteligente” si se prefieren ideas más concretas, por ejemplo), asumiríamos que todo tiene una dirección concreta, que todos los pequeños cambios y tendencias que observamos guardan un patrón invisible hacia ese destino. Por tanto, imaginaríamos un futuro más cercano a ese destino, en el que no importa lo que decidamos porque ya todo está encaminado.

Si en cambio fuéramos más partidarios de una perspectiva en la que los cambios son cada vez más acelerados, lo más probable es que imaginemos un futuro, o varios futuros, donde el cambio social, tecnológico y económico sea absolutamente disruptivo.

O si somos deterministas tecnológicos, defenderemos a capa y espada que no importa cuánto hagas en lo social o lo económico o lo moral, que cualquier cambio social se supone que viene antecedido y causado por una disrupción tecnológica.

Con “teoría del cambio” nos podemos referir a dos cosas. En innovación social, una teoría del cambio suele ser una representación visual de una estrategia o una intervención para el cambio, una herramienta que construye una narrativa y recoge una serie de principios hipotéticos sobre cómo se conseguirá una transformación social concreta. Cada proyecto complejo puede tener su “teoría del cambio”. Es un método que funciona muy bien para entornos complejos o con bastantes incertidumbres.

 

Ahora bien, en ocasiones hablamos en Postfuturear de “teorías sobre el cambio” para apuntar al conjunto de marcos teóricos y corrientes que tratan de  explicar cómo se producen los cambios, las transformaciones y el desarrollo social y humano. Y que, como se puede leer, es más riguroso, pero más largo y parece rimbombante quizás, desde fuera.

Esto que va a sonar, a continuación, como un asunto super trivial, superfluo o como una preferencia decorativa, en realidad afecta a cómo son nuestras expectativas sobre cambios y resultados en nuestro contexto y entornos. O sea, que es todo lo contrario a ser una preferencia de “filosofeo” sin rumbo: necesitamos preguntarnos cómo se dan los cambios.

Conocer y saber reconocer esas teorías es importante. Porque parece “muy teórico y abstracto” o “académico”, en oposición a hablar directamente de acción, de innovaciones y señales de cambio fascinantes, pero continuamente aplicamos nuestras asunciones sobre lo que esperamos que debería suceder, incluso a partir de esas innovaciones y señales de cambio inspiradoras, a modo de regla de 3 (si A sucede, entonces debería luego suceder B).

Es algo así como en la Física o en la Biología se apela a leyes y teorías físicas o de la evolución para aplicarlo en ingenios y tecnologías útiles

Los escenarios bajo una forma de entender el mundo pueden ser radicalmente diferentes a si los proyectamos bajo otra forma de entender el mundo. Y por tanto derivar en decisiones con resultados radicalmente diferentes.

 

Más de 8 marcos teóricos sobre el cambio social, tecnológico y económico

Algunas corrientes y marcos teóricos que proceden de las ciencias sociales, algunos viejos e incluso obsoletos (para la investigación), y otros más nuevos, pueden ser estos -solo para dejarlo como un repositorio de “palabras clave”.

  • Determinismo tecnológico
  • Determinismo económico
  • Progreso histórico y el “Final de la Historia”
  • Teorías de la Economía neoclásica
  • Idealismo social e histórico
  • Constructivismo social
  • Estructuralismo
  • Teorías de sistemas, ecologías y redes

Determinismo tecnológico

La corriente que considera que todo cambio humano está condicionado o incluso causado primero por un cambio o disrupción tecnológica. Por tanto, tras una disrupción tecnológica, se desprenderían cambios culturales, económicos y sociales, nunca al revés.

El exponencialismo o la perspectiva de que las tecnologías tienden a evolucionar de manera más acelerada y exponencial, y repercute luego en cambios económicos y sociales cada vez más “acelerados”, está conectado totalmente con el determinismo tecnológico.

Y el llamado “solucionismo tecnológico” es la asunción estratégica, en ocasiones por parte de empresas y de impulsores de políticas públicas, en que cualquier problema social, ambiental o económico se puede solucionar con una propuesta o innovación tecnológica.

 

Determinismo económico

En vez de la tecnología, aquí se considera que toda revolución social es producto de cambios y transformaciones en las formas de producir y organizarnos para trabajar y consumir, o de gestionar las economías, de crear estructuras y sistemas económicos.

Las relaciones económicas (transacciones y expectativas de obtener algo en retorno) se considerarían desde esta perspectiva el fundamento de las relaciones humanas y su comportamiento.

 

Progreso Histórico

Aquí el progreso social se ve como un destino inescapable de toda sociedad humana. Y este tiene el culmen del Progreso, muy grosso modo, en alcanzar la libertad o (mejor dicho) la emancipación del individuo o de las personas, a lo Hegel. Está conectado también con el “Fin de la Historia” de Fukuyama.

Una perspectiva fuerte y dogmática del Progreso Histórico implica considerar que, se haga lo que se haga, el progreso sigue en marcha, aunque no lo parezca, manos invisibles y demás. Una perspectiva débil, considera que el Progreso lo construimos nosotros, y se puede frenar o estancar, o se puede acelerar (Aceleracionismos varios).

 

Corrientes de la Economía Neoclásica

Hablando de economía y determinismo económico, las corrientes denominadas “neoclásicas” (desde inicios del siglo XX) ofrecen una revisión de la Economía Clásica (la del siglo XVIII), como por ejemplo, sobre el Homo Economicus y aquello de que todo ser humano se supone que decide cualquier cosa de manera racional (un tipo concreto de racionalidad), y que siempre aspira a maximizar su propio beneficio.

Por tanto, la agencia o papel que tiene el ser humano de manera individual, en cambiar cosas a través de sus decisiones económicas, puede ser un motor de cambio; o cómo las variaciones sobre la demanda y la oferta pueden provocar cambios en cascada significativos.

También es donde se circunscriben teorías como el papel del emprendedor (Schumpeter) y las innovaciones como motor transformador de la economía y la sociedad.

Si te suena la Economía del Comportamiento (otra perspectiva que propone sus propias teorías sobre el cambio social, también), algunas de sus raíces se conectan con la Economía Neoclásica, pero a la vez, ésta última corriente económica difiere en muchos aspectos, y se aproxima en más aspectos al enfoque que explicamos en “Teorías de redes, ecologías sociales y sistemas”

 

Idealismo social e histórico

Lo que viene a decir, en cuanto a cambio social, muy resumidamente es que primero son las ideas y narrativas las que dan forma a la sociedad y a sus cambios. Suena últimamente (post)modernísimo, pero es una perspectiva bien vieja en su esencia (guiño), hasta cierto Platonismo.

Por ejemplo, conceptos tan vanguardistas como la “Hiperstición”, que procede de la CCRU (años 1990s), se ubica en gran parte en un nuevo tipo de idealismo. No confundirlo con el constructivismo social o eso de que “la realidad es un constructo social”.

 

Constructivismo social

Esta corriente no se relaciona con eso de que creamos la realidad imaginando o creando ideas primero. Trata sobre que las explicaciones que hacemos de lo real o incluso objetivo son también “cosas” sociales que compartimos, consensuamos o modificamos -resumiendo mucho- y sobre las que tomamos decisiones en el día a día, luego. Es una corriente realmente compleja de explicar en pocas palabras, la verdad, y es para meterse en un jardín enorme.

 

Estructuralismo

Aunque es más una metodología, entiende que la sociedad está organizada en estructuras “macroscópicas” o de gran escala (lo que hoy en cierto modo, quizás, llamaríamos ‘sistemas’) pero, según algunas corrientes más viejas y obsoletas (de hace casi un siglo), éstas son fijas y universales.

En general, asume que estas estructuras sociales son complicadas e intangibles. Por eso, solo se pueden conocer a partir de estudiar cosas concretas y sus contextos (o desde el lenguaje y las narrativas). Desde sus tecnologías hasta las relaciones de poder entre las personas.

En lo que refiere al cambio muy resumidamente, implica que formamos parte de estructuras mayores, y las reproducimos (las creamos y sostenemos). Y a la vez sostienen nuestras acciones, y por tanto tienen un papel en lo que se puede cambiar y en lo que permanece.

Hace más de medio siglo que este enfoque fue criticado y evolucionado hacia lo que se conoce como “post-estructuralismo”. En realidad, el post-estructuralismo es una explosión de muchas teorías y corrientes derivadas, algunas un poco incompatibles entre ellas.

Si suena alejado del “Diseño de futuros”, pues precisamente una de las herramientas más famosas de Estudios de Futuros, el Causal Layered Analysis (el del iceberg) de Suhail Inayatullah, se inspiran en una versión antigua y solo lingüística (que si Saussure o Lacan) del estructuralismo. Para que no se diga que las cosas sesudas no se pueden conectar con herramientas visuales.

 

Teorías varias de redes, ecologías sociales y sistemas

Ya nos hemos enrollado mucho, pero englobaríamos aquí todos los marcos teóricos que consideran que cualquier producto tecnológico, pero también personas, e instituciones, e incluso seres vivos estamos conectados a través de relaciones e interacciones. Son los marcos y corrientes más actuales.

Los cambios no nacen de una categoría concreta como la “tecnología”, en exclusiva, sino que depende de cada situación: por poner un caso actual, los feminismos promueven una reestructuración social (más justa) pero no son una movida tecnológica, aunque se puedan apoyar, por ejemplo, en las posibilidades que ofrecen las redes sociales; además de apoyarse en otros aspectos humanos para transformar lo social, como por ejemplo a través de cambios en el lenguaje.

A veces un cambio en un elemento de un sistema puede generar otros cambios (teoría de las palancas o puntos de influencia). En muchas otras ocasiones, han de suceder múltiples cambios dentro de un sistema para ver una gran transformación.

Aparentemente implica mucha transdisciplinariedad. Por poner un caso, el estudio del papel de los cambios climáticos (tanto de origen natural como provocados por la actividad humana) se ha vuelto muy importante en Sociología, Antropología, Economía o Historia. Se ha entendido que el clima es la primera y última “infraestructura” de lo humano, así que un cambio o variación en el clima puede provocar la necesidad de introducir cambios tecnológicos, económicos y sociales, también.

En Postfuturear estamos en esta onda, y asistimos para aplicarlos, que nos sirvan de herramientas 😊 Tenemos de referencia aquí a Berger, a Geels, entre otros y otras.

Herramientas visuales que encontramos conectadas con esta corriente -para poner otro ejemplo- son los mapeados de actores, así como también de sistemas

 

 

¿Qué asunciones sobre el cambio queremos utilizar para modelar escenarios útiles, aunque suenen absurdos? ¿Qué queremos obtener de un proceso de futuros?

Estas son LAS dos preguntas, en el fondo: con qué formas de ver el mundo nos queremos casar y qué resultados buscamos cuando analizamos el entorno exploramos lo futurible.

Las teorías sobre el cambio apuntan hacia lo “macro”. De ahí que cuando queremos tratar cosas más “micro” o concretas como innovaciones o tendencias, las trataremos bajo la lente de que también evolucionan, y operarán en el futuro, en relación con otras cosas: podrán influenciar a personas o estimular cambios, pero también estarán sometidas a otras tantas cosas como la energía, las preferencias de consumo, los recursos, la cultura…

Cuando queremos, por ejemplo, crear un modelo o hipótesis de estrategia (por ejemplo, en forma de esa “Teoría de cambio”, o un portfolio de resultados, para la innovación social de la que hablábamos) también necesitaremos preguntarnos bajo qué asunciones creemos que los cambios humanos suceden y dan.

Aunque quizás pensemos que “no somos ni queremos ser científicos ni académicas” sino obtener escenarios que nos den ideas útiles, bastantes de estas teorías con nombres super académicos y sesudos están naturalizados en nuestra sociedad, sobre todo las más viejas, como el determinismo tecnológico o el determinismo económico. O incluso el idealismo. Solo que sin conocerlo con esos “palabros”.

Esto que parece un tema super accesorio y trivial no lo es, porque en función de lo que creamos, plantearemos que un escenario puede ir hacia una dirección o hacia otra.

Los escenarios bajo una forma de entender el mundo pueden ser radicalmente diferentes a si los proyectamos bajo otra forma. Como veíamos en el caso del inicio. Aunque fuera hipotético, es un gran tema que emerge en talleres y procesos de trabajo.

En lo físico, tenemos claro que no le encargaríamos una casa a un estudio de arquitectura que creyera que la gravedad no existe. Aunque no seamos físicos ni ingenieros, hemos asumido que la gravedad existe -porque la podemos observar, al menos sus consecuencias- y queda claro que un escenario clave que puede resultar de no tenerla en cuenta en los cálculos y su diseño es que el edificio podría desmoronarse -o, por pura chiripa, aguantar lo suficiente, que nos lo cuente el experto en arquitectura pormishuevista de cabecera

 

Un ejercicio para comenzar cualquier acción de diseño o modelado de escenarios futuros

La dificultad es que lo social, lo económico y otros aspectos humanos colectivos son más complejos y variables que la gravedad (sí, físicos, sabemos que en realidad es muy complicado lo que puede haber tras la gravedad), y es menos fácil o intuitivo saber qué corriente es más adecuada o incluso efectiva o “verdadera”.

Por ello, un punto de partida más amable que proponemos, y al acceso de todo el mundo, es, al inicio de un proceso simplificado de futuros, comenzar preguntándonos cómo consideramos que los cambios humanos suceden. Entender en nuestro equipo qué perspectivas tenemos.

A veces podemos pensar que estamos todos en el equipo en la misma página; que, por ejemplo, pensamos que la tecnología es el motor de cambio, o que son las narrativas. Y luego resulta que no, que hay diferencias en la forma de ver lo futurible.

Y puede ser un diálogo más enriquecedor de lo que pensábamos porque también puede tener relación en cómo planteamos los planes estratégicos ¿es una solución tecnológica lo que necesitamos ahora mismo en nuestra marca? ¿o es un cambio de alianzas y relaciones? ¿o un cambio de procesos?

¡Para siguientes pasos más elaborados, estaremos encantados y encantadas de asistiros, pues este es nuestro campo de acción y servicios!

 

Un librazo que recomendamos

Y con librazo nos referimos tanto a que es maravilloso y fundamental, pero también es un tocho físico (advertidas estáis). Si os interesa reflexionar sobre la Historia para repensar otros futuros posibles, no recomendamos a Harari, sino a “El amanecer de todo” de David Graeber y de David Wengrow. Estamos enamoradas de este libro.

 

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